POLÍTICA Y VIOLENCIA: COMPRENSIÓN TEÓRICA Y DESARROLLO EN LA ACCIÓN COLECTIVA. Nº 183

La vocación de totalidad que encarna la política en la medida que esta envuelve al ser humano en su relación con la sociedad y el entorno, no puede escapar a sus dilemas. La violencia pertenece a la naturaleza, es una forma de resolver los conflictos que existen en ella y de allí se traslada al hombre. La naturaleza social o no de la violencia puede ser un primer debate, como también lo es la existencia de una violencia como instrumento de cambio.


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La vocación de totalidad que encarna la política en la medida que esta envuelve al ser humano en su relación con la sociedad y el entorno, no puede escapar a sus dilemas. La violencia pertenece a la naturaleza, es una forma de resolver los conflictos que existen en ella y de allí se traslada al hombre. La naturaleza social o no de la violencia puede ser un primer debate, como también lo es la existencia de una violencia como instrumento de cambio.
La violencia, en cualquier caso, es una herramienta de la política, un instrumento de la que esta dispone para sus fines. No obstante, la concepción del poder como violencia resulta muy primaria, como el maquiavelismo de la estrategia que confunde fuerza con poder; y ese es un grave error. El poder no es destrucción, sino construcción. En un mundo perfecto no cabría la existencia de una violencia legítima, pero desafortunadamente el mundo en que vivimos no lo es, lo que por otra parte, tampoco hace justificable la violencia pero la puede legitimar. En un mundo que tendiera a la perfección la violencia debería ser cada vez más residual encontrándose en relación inversa con la legitimidad de quien hace uso de ella. Pero nada hay en este mundo que pruebe que este se dirige a la perfección.
Como quiera verse, la violencia está ahí, puede ser perversa, injusta, cruel pero lo que no puede ser es ignorada; su relación con la política es capital.

  • Fecha de publicación: 16/2/2017
  • Año Edición: 2017
  • Autor: Instituto Español de Estudios Estratégicos
  • Editor: Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica.
  • Número de Páginas: 180

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La vocación de totalidad que encarna la política en la medida que esta envuelve al ser humano en su relación con la sociedad y el entorno, no puede escapar a sus dilemas. La violencia pertenece a la naturaleza, es una forma de resolver los conflictos que existen en ella y de allí se traslada al hombre. La naturaleza social o no de la violencia puede ser un primer debate, como también lo es la existencia de una violencia como instrumento de cambio. La violencia, en cualquier caso, es una herramienta de la política, un instrumento de la que esta dispone para sus fines. No obstante, la concepción del poder como violencia resulta muy primaria, como el maquiavelismo de la estrategia que confunde fuerza con poder; y ese es un grave error. El poder no es destrucción, sino construcción. En un mundo perfecto no cabría la existencia de una violencia legítima, pero desafortunadamente el mundo en que vivimos no lo es, lo que por otra parte, tampoco hace justificable la violencia pero la puede legitimar. En un mundo que tendiera a la perfección la violencia debería ser cada vez más residual encontrándose en relación inversa con la legitimidad de quien hace uso de ella. Pero nada hay en este mundo que pruebe que este se dirige a la perfección. Como quiera verse, la violencia está ahí, puede ser perversa, injusta, cruel pero lo que no puede ser es ignorada; su relación con la política es capital.

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Descripción La vocación de totalidad que encarna la política en la medida que esta envuelve al ser humano en su relación con la sociedad y el entorno, no puede escapar a sus dilemas. La violencia pertenece a la naturaleza, es una forma de resolver los conflictos que existen en ella y de allí se traslada al hombre. La naturaleza social o no de la violencia puede ser un primer debate, como también lo es la existencia de una violencia como instrumento de cambio. La violencia, en cualquier caso, es una herramienta de la política, un instrumento de la que esta dispone para sus fines. No obstante, la concepción del poder como violencia resulta muy primaria, como el maquiavelismo de la estrategia que confunde fuerza con poder; y ese es un grave error. El poder no es destrucción, sino construcción. En un mundo perfecto no cabría la existencia de una violencia legítima, pero desafortunadamente el mundo en que vivimos no lo es, lo que por otra parte, tampoco hace justificable la violencia pero la puede legitimar. En un mundo que tendiera a la perfección la violencia debería ser cada vez más residual encontrándose en relación inversa con la legitimidad de quien hace uso de ella. Pero nada hay en este mundo que pruebe que este se dirige a la perfección. Como quiera verse, la violencia está ahí, puede ser perversa, injusta, cruel pero lo que no puede ser es ignorada; su relación con la política es capital.
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Fecha de publicación 16/2/2017
Año Edición 2017
Autor Instituto Español de Estudios Estratégicos
Editor Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica.
Número de Páginas 180