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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL Nº 895 OCT 2015

dirimiría sus diferencias en postrer combate. Los amigos que se despedían o el familiar que lloraba a su hermano, a su padre o a su hijo, minutos más tarde podrían toparse en el campo de batalla y actuar contra ellos como con cualquier otro enemigo. Don Salvador de Madariaga nos relata en su obra dedicada a Bolívar el encuentro de dos de aquellos hermanos; —«El brigadier español don Antonio Tur, interesante joven de alta estatura y unos treinta y cuatro años de edad, que fue quien pidió la entrevista, se abalanzó en demanda del teniente coronel don Vicente Tur, del Estado Mayor peruano, hermano suyo y seis años más joven. Encontrándolo al punto, lo apostrofó con tono acerbo: “Ay, cuánto siento verte cubierto de ignominia”. “Yo no he venido 108  REVISTA EJÉRCITO • N. 895 OCTUBRE • 2015 a que me insultes, y si es así me voy”, le contestó Vicente, y dándole la espalda ya se iba, cuando Antonio corrió tras de él y abrazándolo lloraron estrechados largo rato». Mientras una escena tan triste tenía lugar, Monet que departía con Córdova a cierta distancia, le propuso la paz sin verter sangre. El ejército realista era algo superior al republicano y Córdova aceptó el trato pero a cambio de la independencia del Perú. Un precio demasiado alto para ser admitido. El destino de América se decidiría por las armas. Además, hubo reuniones inesperadas después de la contienda. Finalizados los enfrentamientos, muchos oficiales heridos fueron llevados al mismo hospital. En la sala donde descansaban entró un teniente rebelde y preguntó por el comandante Castilla. Dos voces contestaron al unísono lo que inundó la estancia de risas y bromas. Eran los hermanos Don Ramón y Don Leandro Castilla y Marquesado, el primero en el bando republicano y el segundo leal al rey. Cada uno desconocía la presencia del otro en la lucha y con el descubrimiento se repitieron las escenas de abrazos y emoción que se habían vivido antes de que sonara el primer disparo. Las carreras de ambos fueron también muy distintas. Ramón Castilla llegó a ser varias veces presidente de la República del Perú y hoy es considerado uno de los próceres de la patria. Leandro Castilla regresó a España donde fue recompensado por su lealtad. Muerto Fernando VII rechazó servir bajo las banderas de Isabel II y se unió a los carlistas, alcanzando el empleo de brigadier en los Reales Ejércitos del pretendiente Carlos V. El mítico Cabrera encargó a don Leandro la defensa de la plaza de Morella. Tras el abrazo de Vergara en 1839 entre el general Espartero y el general Maroto, que prácticamente significó la derrota carlista, Maroto, el general que había traicionado a Carlos V, regresó a América donde ya había luchado defendiendo el pabellón español. Al llegar a Perú en su viaje hacia Chile, pidió permiso al presidente de la república Don Ramón Castilla para descansar unos días de su largo periplo. Don Ramón que sabía de la traición de Maroto al ejército en el que militaba su Ramón Castilla y Marquesado. Primer presidente del Perú. En Ayacucho se enfrentó a su hermano que permaneció leal a España


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