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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL Nº 895 OCT 2015

el imperio en el que nunca se pondría el sol: «El que hoy ganare la victoria, será señor del mundo». En una de las cámaras para la tropa de «La Marquesa», un humilde soldado, Miguel de Cervantes Saavedra, se debate contra la fiebre y los vómitos que le han dejado sin fuerzas. Cuando conoce que la lucha es casi inminente pide permiso para ocupar su puesto en el sitio de mayor peligro. Sus amigos y el propio capitán le instan a que desista de tamaña locura dado su estado calamitoso y febril, pero Cervantes les replica con valentía: —«Señores, ¿qué se diría de Miguel de Cervantes? En todas las ocasiones que hasta hoy día se han ofrecido de guerra a Su Majestad, y se ha mandado, le he servido muy bien como buen soldado; y así ahora no haré menos, pues aunque esté enfermo y con calentura, más vale pelear en defensa de Dios y de Su Majestad, y morir por ellos, que no bajarse bajo cubierta». Respondiendo a sus deseos, el capitán le da el mando de doce arcabuceros y le sitúa en uno de los lugares de mayor riesgo y fatiga. El encuentro entre las dos escuadras es espeluznante, la infantería española actúa sobre las cubiertas como si estuviera en tierra firme, las picas, arcabuces y espadas sangran los barcos enemigos. Los alfanjes turcos también hieren en las galeras españolas. El combate descrito de forma magistral por el historiador del Siglo de Oro Luis Cabrera de Córdoba aún estremece por su crudeza: — «Jamás se vio batalla más confusa; trabadas las galeras una por una y dos o tres, como les tocaba... El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. El mar envuelto en sangre, sepulcro de muchísimos cuerpos que movían las ondas, alteradas y espumeantes de los encuentros de las galeras y horribles golpes de artillería, de las picas, armas enastadas, espadas, fuegos, espesa nube de saeta… Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros 110  REVISTA EJÉRCITO • N. 895 OCTUBRE • 2015 que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos». Aunque inicialmente la suerte parece favorecer a los otomanos, la habilidad de los almirantes cristianos y el valor mostrado por sus hombres, especialmente los Tercios Españoles, decantará finalmente la victoria del lado de don Juan de Austria. Cervantes se ha batido con valor, a pesar de su estado ha dirigido con energía y precisión el fuego de sus arcabuceros. Ha sido herido dos veces en el pecho y una en el brazo izquierdo que le dejará inútil de la mano izquierda el resto Don Juan de Austria


EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL Nº 895 OCT 2015
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