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REVISTA GENERAL DE MARINA JUNIO 2015

vIvIDO Y CONTADO por el comodoro del mando de la Operación OCEAN SHIELD (11) (OOS), los seis meses de operación en el Índico se desarrollaron en una relación de trabajo muy fructífera y de confianza. La vida a bordo Se cumplieron mis mejores expectativas de estándares de habitabilidad y, salvo por algún paréntesis breve a bordo del saturado HNLMS Rotterdam, tuve buen camarote individual con baño y además me las apañé para ser de los muy pocos con Internet y salida telefónica exterior desde el camarote. Pasado ya más de un mes a bordo del primer barco, y tras mucho «hacerme el sueco» cuando veía a los oficiales holandeses limpiarse los camarotes, un día el segundo comandante se me acercó acompañado del suboficial de habitabilidad y su libreta de inspección y me preguntó si tenía el camarote listo para inspección... Not really... eeeh... I didn’t know..., contesté yo. Visto que me tenía que poner a limpiar yo mismo el camarote, lo que admito no había hecho nunca antes, pregunté por una fregona. Efectivamente la fregona es un invento español que no ha llegado a Holanda. Aprendí su curiosa técnica, consistente en echar un cubo de agua con jabón al suelo (suelo impermeable e imbornales en buen estado) y pasarle el famoso brush (como en los tiempos de guardia marina en el Elcano). Luego, el charco es empujado hacia el imbornal con una escoba de cinta de goma, quedando el suelo seco de inmediato. Curioso y efectivo método que emplean en todas las zonas de habitabilidad. Cuando llegó otra inspección en el tercer barco, el HNLMS Rotterdam, me volví a sorprender al ver a todo un CF segundo comandante de rodillas con un algodón comprobando las esquinas de mi camarote. Algo a lo que nunca me acabé de acostumbrar fue a las horas de comidas, y menos aún a algunos aspectos de su dieta. Los horarios eran aproximadamente: desayuno, 06:30-07:30; almuerzo, 11:30-12:30; cena, 16:30-17:30. Efectivamente había 13 horas sin una comida de cierto peso, y se me hacía difícil. Tras las primeras semanas en cada barco fui descubriendo dónde «robar» embutido y pan de molde para mantener la cordura. Solamente había una comida caliente al día, el almuerzo, al que por cierto muchos holandeses llamaban dinner (12), lo cual me confundía. Jamás pude ver con buenos ojos que la cena fuera idéntica al desayuno: su famosas virutas de chocolate hagelslag —que tomaban todos sin excepción, de comodoro a marinero—, pan de molde, zumos, leche y embutido, a los que en la cena se añadía un (11) Operación de la OTAN en el Índico para la lucha contra la piratería. (12) La costumbre en tierra es que la comida caliente del día es la cena, y no el almuerzo. Comer de almuerzo lo que normalmente comen de cena les hace llamarla así. 2015 897


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