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REVISTA GENERAL DE MARINA JUNIO 2015

TEMAS GENERALES través del único medio de comunicación que por aquel entonces funcionaba en la isla, y que era un teléfono móvil de la también desaparecida red móvil Moviline de Telefónica. Casualmente, precisamente en aquel momento se estaba procediendo al mantenimiento de los equipos radio del destacamento y, exceptuando el equipo de VHF del Sistema Móvil Marítimo (SMM), no se encontraban operativos. El caso es que al otro lado nadie contestaba por más que una y otra vez se intentara. Las llamadas a otros números conocidos del Estado Mayor tenían el mismo resultado. Las noticias desde España a través de la televisión no eran preocupantes, pero la falta de respuesta de la Península sí lo era. Ante la ausencia de comunicación y de un plan que contemplara tales «incidencias» y con el fin de estar preparados ante lo que pudiera pasar, se decidió reemplazar el servicio habitual por una activación adecuada y que contemplara «el uso de la fuerza si fuera necesario». Afortunadamente, no pasó nada, y al mediodía siguiente se consiguió hablar con el jefe del Destacamento Naval en Cádiz, quien simplemente y con tranquilidad reconoció que ante la vorágine en la preparación de la fuerza conforme a las órdenes e instrucciones emitidas, «simplemente se habían olvidado de nosotros». Desde entonces nos convertimos en testigos privilegiados del refuerzo español de las plazas norteafricanas, en concreto de Melilla. Si al mediodía, o por la noche, el telediario informaba del movimiento de tropas hacia Melilla, esa mañana, o esa tarde, habíamos saludado efusivamente a nuestros compatriotas que a bordo de helicópteros Chinook sobrevolaban Alborán de camino a Melilla, con su correspondiente escolta de F-18, a mucha mayor altura. Mientras tanto, las gaviotas de Alborán seguían con su rutina diaria… ¡Agua va! Ya se dejaba entrever en una de las historias anteriores que los relevos de los destacamentos de la isla no eran, y supongo que seguirán sin serlo, fáciles. La gran mayoría de patrulleros, por no decir todos, con los que se realizan no pueden entrar en la dársena de la isla, por lo que los barqueos se deben hacer mediante las embarcaciones neumáticas, bien del propio buque o bien de la isla, lo cual, y sobre todo en invierno, es en muchas ocasiones imposible a consecuencia de la mar reinante. Ocurrió más de una vez que después de un viaje «movidito» hacia la isla finalmente había que regresar por no haberse podido realizar el relevo, y volver a intentarlo posteriormente o efectuarlo por helicóptero cuando esto era posible. Por otra parte, tampoco era fácil alojar a los componentes del destacamento en los buques con los que se hacían los relevos, que ya de por si tenían serias restricciones de habitabilidad, aunque el tránsito fuera de una sola noche. Así que los componentes del destacamento se buscaban cualquier rincón donde pasar de la mejor forma posible los habituales «moviditos tránsi- 2015 843


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