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REVISTA GENERAL DE MARINA JUNIO 2015

TEMAS GENERALES tos». En uno de ellos, uno de los suboficiales se había acoplado perfectamente en la pequeña sala-comedor de suboficiales del patrullero en cuestión, aprovechando los asientos existentes como cama. A pesar de los grandes bandazos, el confiado suboficial descansaba plácidamente en su improvisada cama, cuando sin previo aviso de ¡agua va!, una gran masa de mar lo arrebataba de los brazos de Morfeo. Se podrán imaginar que en esas circunstancias pensar que debido al temporal se ha abierto una vía de agua o que el buque se está hundiendo no parece nada ilógico. Para nuestra fortuna, lo único que pasó es que el ojo de buey situado justo encima de nuestro suboficial se había destrincado y el agua había comenzado a entrar a raudales, acudiendo en la búsqueda, como siempre, del primer incauto a mano, en este caso el único existente. Como decimos, todo quedó en nada, o casi nada, porque hay que tener en cuenta que los suboficiales eran de los componentes fijos del destacamento, es decir, que cada quince días volvían a la isla, y por tanto solían viajar ligeros de equipaje por tener toda la ropa y demás enseres allí. Así que, si inicialmente a nuestro suboficial se le podía haber pasado por la mente encontrarse en una lavadora por los continuos bandazos, ahora la realidad le había jugado una mala pasada y se pasó todo el viaje mojado. Los contrabandistas del tabaco Uno de los bienes más preciados para los que fumaban era el tabaco, por lo que se convertía en uno de los principales abastecimientos que acarreaban a la isla. A pesar de ello, no era poco habitual que cuando había pocos fumadores en el destacamento se pudiera dar el caso de que, ante el agotamiento del recurso propio, no fuera posible acudir a la generosidad de otro fumador con los suficientes suministros. Y hete aquí que eso precisamente ocurrió en uno de los destacamentos, y no precisamente cuando faltaban pocos días para el relevo. El caso es que aprovechando la existencia de pesqueros en la zona, y que precisamente uno de ellos era de los habituales, con el que ya había confianza, a través de la radio del SMM se le efectuó una llamadita preguntando si portaba el preciado recurso en cantidad para que pudiera hacer una donación generosa al ínclito en cuestión. Ante la respuesta afirmativa del pesquero, y previo arriado de una de las embarcaciones del destacamento, que se aprovechó para realizar adiestramiento del personal en su manejo, parte del personal se acercó al pesquero. Mientras a bordo del pesquero se realizaba el correspondiente cambalache y se intercambiaban impresiones sobre el tiempo y las capturas realizadas, se podía ver a lo lejos una embarcación que, dejando una larga estela blanca que delataba su velocidad, se acercaba con prestancia hacia el pesquero. Pasados 844 Junio


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