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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 126

ROCÍO MORENO CABANILLAS sobreponerse al rosario de tribulaciones que recoge en sus cartas, donde, con desazón, expresa la fatiga que empieza a apoderarse de él al tener bregar con tanta adversidad. Pero, finalmente, cumpliendo la misión encomendada, al día siguiente, 1 de noviembre de 1764, el paquebote el Cortés ponía rumbo a las Indias con la primera remesa de correspondencia marítima enviada desde la Península. Se inauguraba así una nueva etapa en el sistema postal español. Rumbo a las Indias Del gobierno del paquebote se encargaban el capitán, Álvaro de Castro, y el piloto, Domingo de Velasco, a los que auxiliaban 16 hombres de tripulación. Les acompañaban a bordo los administradores encargados de abrir oficinas postales en distintos puntos de América: Domingo Antonio López, con destino a México; Antonio Loño, a Puerto Rico, y Roque de Aguión y Andrade y Manuel Valbuena, a Cartagena de Indias, a los que hay que sumar los comisionados Pedro Antonio de Cosío y José Antonio Pando. Completaban el pasaje la mujer del mencionado Loño con sus hijos, y dos pasajeros más llamados Juan de Ayllón y José Carredo (39). Una vez acondicionado el navío y concluidos los preparativos, para lo que también se contó con la ayuda del administrador principal de los Reinos de Galicia, Juan Antonio Morado, la nave tomó rumbo hacia el continente americano a las 05.30 del 1 de noviembre de 1764 (40), inaugurando así la línea de correos marítimos hacia las Indias. Pero los contratiempos de tierra se reprodujeron en la mar y, apenas iniciada la navegación, comenzó una sucesión de adversidades que son narradas detalladamente en el diario de navegación, donde se echa de ver lo duro de una travesía oceánica tan prolongada. Así, esta primera expedición de correos tuvo que sobreponerse a los avatares del mar —que parecía empeñado en subrayar aquello de «no siempre está la mar sosegada» (41)—, a los vientos contrarios, a tempestades y aguaceros estremecedores, y a la escasez de comida pues, a medida que transcurrían los días, los alimentos iban menguado (42), de modo que, poco a poco, los pasajeros se fueron quedando sin carne fresca, pan blanco, jamón… La escasez llegó a tal extremo que, al cabo de nueve días de viaje, su dieta quedó reducida a «arroz, con alguna grasa, vien (39) AGI, Correos 270A. Diario de navegación del paquebote el Cortés, con destino a la carrera de La Habana. Campeche, 1 de marzo de 1765. (40) Ibidem. (41) Ibidem. (42) Recordemos que todas las raciones de la tripulación habían sido reguladas por las instancias superiores de la Renta de Correos. Por lo que el escritor del diario de navegación de este primer paquebote, el comisionado José Antonio de Pando, refleja en él la queja de que esta escasez de algunos de los alimentos responde a que «en semejante asignación no se hallaron bastantemente informados los señores Directores Generales». AGI, Correos 270A. Diario de navegación del paquebote el Cortés, con destino a la carrera de La Habana. Campeche, 1 de marzo de 1765. 84 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 126


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