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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA 326

fuerzas armadas Durante las campañas, los buques del IHM actualizan la cartografía marina y los puertos que se han modificado año, entre junio y agosto, el Malaspina recogerá los datos necesarios para actualizar la cartografía náutica de los puertos principales del mar Cantábrico y el Tofiño hará lo propio en aguas de Galicia. Asimismo, este último realizará una campaña en Almería en el mes de abril y, a bordo del Malaspina, embarcarán en mayo profesores y alumnos de la facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Cádiz, con la que la flotilla hidrográfica mantiene muy buenas relaciones. TRABAJO DE CAMPO Entre las dársenas de la base naval de Rota el teniente de navío Daniel Gutiérrez, jefe de hidrografía del Tofiño, ve a través del sonar batimético Geoswath, en tiempo real, lo que hay a babor y estribor del bote naranja de siete metros en el que él y otros tres miembros de la tripulación llevan trabajando desde la salida del sol y donde permanecerán hasta el ocaso. De este modo, el teniente de navío Gutiérrez calcula lo que puede acercarse a la costa intentando adentrarse al máximo posible aprovechando la marea alta. «El bote es una plataforma estable en puerto e inestable en mar abierto —explica Gutiérrez—, diseñada para alcanzar aguas someras allá donde otras plataformas no llegan», ya que realizan los trabajos en aguas de menos de cinco metros en las que los buques hidrográficos, por su quilla, no pueden navegar. No muy lejos de él, en otro lugar de la bahía de Cádiz, el teniente de navío Pita, del Malaspina, controla la seguridad de la navegación de su bote mientras los datos obtenidos por la sonda multihaz son procesados por primera vez en el interior de la embarcación y corregidos teniendo en cuenta el perfil de sonido y las mareas. Las sondas con las que se trabaja en la hidrografía de la Armada se basan en la velocidad del sonido, con una campana acústica que insonoriza el agua obteniendo el punto de profundidad. Las sondas actuales son multihaz, es decir, emiten varias frecuencias que cubren una distancia determinada y la totalidad del fondo marino, en contraste con las antiguas monohaz que solo determinaban la profundidad de un punto. «Con cada barrido se cubren 35 metros», puntualiza el sargento Bailón Olivares, «para conseguir una cobertura completa el bote debe realizar dos barridos, nosotros hacemos cuatro, obteniendo una radiografía perfecta del fondo». El trabajo de esta tripulación no queda aquí: «por cada hora de bote son cuatro de procesado», especifica el teniente de navío Pita. Cuando está a punto de caer la noche vuelven a los barcos y, dado lo agotador del trabajo, al día siguiente otros equipos saldrán en los botes, continuando las mediciones en los puntos donde ellos las dejaron. Mientras, a los puentes de mando del Malaspina y del Tofiño van llegando los datos que recogen sus sondas. Desde el Malaspina se acaba de sumergir por popa el Sonar de Barrido Lateral (SBL) que mantienen en una profundidad de entre siete y diez metros y genera acústicamente imágenes georeferenciadas del fondo marino. El timonel operador en la consola de mando controla el sondador multihaz, siguiendo las líneas establecidas y solapándolas para realizar una cobertura total del fondo marino. Los datos recogidos por las sondas llegan a la sala de procesado —a la izquierda, la del Malaspina—, donde se obtiene y edita la información que después se manda al Instituto Hidrográfico de la Marina. Marzo 2016 Revista Española de Defensa 49


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