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MEMORIAL CABALLERIA 76

Historia Empleo Táctico y Operaciones Orgánica y Materiales Noticias del Arma Varios 127 MISCELÁNEA Realmente soy un entrometido. ¿O será entremetido?, es decir, metido entre los asuntos de otro. Igual pasa con extrovertido, que por referirse a personas abiertas y fáciles en las relaciones deberían llamarse extravertidas, es decir, vertidas hacia fuera, y lo contrario de introvertidos, es decir, hacia dentro. Todos estos asuntos se me antojan antidiluvianos, es decir, ¿que están contra el diluvio?, que eso quiere decir el prefijo anti. Lo anterior al diluvio es antediluviano. Yo creo que ya no tiene arre-glo. Y la RAE constata y recoge. Es el Alma Mater del grupo, es el Alma Mater del proyecto, se dice. Si pone alma en latín es que no es alma en castellano, porque en latín alma se dice anima, luego si fuera alma sería Anima Mater, pero como es Alma Mater y no Anima Mater quiere decir que Alma Mater es algo distinto de Anima Mater, y en efecto, así es, pues Alma Mater es la madre nutricia, la que alimenta y por tanto la que en todo proyecto mantiene el ánimo y el interés y casi siempre el mando. ¡Dios, qué trabalenguas! Pero ha quedado claro, ¿o no? Releyendo lo escrito hasta ahora me he quedado lívido, pero al mirarme al espejo veo que mi cara está azulada. ¡Dios mío! A ver si en lugar de lívido estoy pálido; pero ¿no es lo mismo?, pues no, porque lívido es amoratado, como cuando te das un golpe y se te queda un cardenal, o como el color del cielo en algún crepúsculo (también se llama arrebol), mientras que pálido es bajo de color, como la cera. ¿Y cerúleo no es como el color de la cera?, pues no, es como el color del cielo. Cuan-do alguien se desmaya, pierde color en la cara y se ve el fondo de las venas color azul. ¿Y libido?, sí, con b y sin acento; eso no tiene nada que ver, porque libido es el deseo sexual, y ahí el color es secundario, salvo el de la ropa interior. Todo esto me suena a canto de sirena. Con esta palabra sí que hay confusión. En origen son unas ninfas del mar con cara de mujer y cuerpo de pájaro que tenían como misión engañar a los marinos con sus cantos melodiosos y así hacerlos naufragar, pero con el tiempo la tradición popular las fue transformando en cuerpo de mujer y cola de pez. Su origen es confuso, al parecer son hijas de algún dios fluvial, Aqueloo o Forcis, y quizás alguna musa relacionada con el canto y el baile. Se confunden con las Nereidas, hijas del dios Nereo y de Doris la Oceánica, pues estas sí que tenían el cuerpo de pez y cara de mujer. Eran cincuenta y representan las múltiples facetas que puede presentar la mar. Las terceras en discordia serían las Arpías, que tienen el cuerpo de ave de presa y cara de mujer. Su misión es revolotear alrededor de los hombres para incordiarlos. ¡Pues qué bien! Cualquier amable lector podría pensar, ante este fárrago de palabras, que estaba en la inopia, o sea, en Babia, en las nubes, sin enterarse de nada, pero nada más lejos de la realidad, porque inopia es la pobreza absoluta. Pues sí que derivan las palabras, sí. ¿Y de pécora qué podríamos decir? Pues que es una oveja, sin más, aunque ahora sea sinónimo de mujer malvada, prostituta, mala pécora. En italiano, pecorina es un corderito, y yo creo (no sé) que se podría emplear como piropo. Mia pecorina suena cariñoso. Un caso curioso es el del verbo enervar, pues ahora significa lo contrario de su auténtico signifi-cado, que es relajarse al máximo, perder la energía física y la moral para hacer algo, y sin embargo, se emplea como sinónimo de excitación, de poner los nervios de punta. ¡Cómo se puede llegar a esto!, pero así es. Pasa lo mismo con álgido, del latín algidus, que quiere decir muy frío y que se emplea en me-dicina para expresar un periodo agudo de una enfermedad. Quizás por eso se emplea para reflejar momentos de tensión, de acaloramiento, y nada más lejos de la realidad, pues es justo lo contrario. A fin de cuentas, todo son gajes del oficio, que no son las consecuencias normalmente nega-tivas que hay que aceptar por tener tal o cual profesión, sino los emolumentos que se cobraban por ejercerla, o sea, la legítima retribución por la ejecución de un trabajo para el que se ha sido contratado.


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