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MEMORIAL DE CABALLERIA 79

Varios 99 TRADUCCIONES y llevar a cabo las misiones de reconocimiento y ataque en combate próximo como estaban acostumbradas a hacerlo en Irak y Afganistán –y tendrán que volver a las tácticas rasantes que realizaban antes de estos conflictos–. ¿Está nuestro Ejército de Tierra convenientemente organizado y equipado para llevar a cabo R&S eficaces? El empleo de los helicópteros de ataque, aunque sean tripulados por antiguos exploradores aéreos, sugeriría lo contrario y parece ser un paso hacia la creación de unidades R&S ad hoc. Nuestra reciente tendencia organizativa ha sido consolidar las aeronaves tripuladas en las brigadas de aviación de combate mientras los UAS se dispersan principalmente en las Brigadas de Combate (BCT) y las brigadas de aviación de combate. El ejército modular segregó los equipos aeroterrestres orgánicos de los grupos de Caballería di-visionarios y los ACR. Las reducidas oportunidades de adiestrarse y actuar juntos requieren una plataforma y tripulación de exploradores aéreos que puedan llegar a la escena con un conjunto de capacidades específicas todavía flexible, inmediatamente aplicado a la situación y fácilmente integrado en el esquema de maniobra del grupo de Caballería. Esto es muy di-fícil de realizar en la práctica. El grupo de Caballería divisionario y su predecesor aseguraron las operaciones de R&S aeroterrestres integradas gracias a «convivir» las Caballerías aérea y terrestre en el mismo grupo. Los equipos aeroterrestres establecidos entendían las capacidades y limitaciones de sus compañeros y cómo luchaban juntos como un equipo. Las tripulaciones de exploradores aéreos tenían la destreza y experiencia necesarias para aterrizar cerca de un mando, jefe o explorador terrestre. Los breves intercambios de información y coordinación cara a cara creaban sinergia y aseguraban la sincronización de la recogida de información, el movimiento táctico y el empleo de los fuegos. Las fortalezas y debilidades del equipo aeroterrestre se complementaban entre sí, proporcionando sinergia y un nivel resultante de protección de la fuerza y capacidad mucho mayor que el de las partes por separado. Los exploradores aéreos de finales de los años cincuenta del pasado siglo trajeron el movimiento independiente del terreno, la velocidad, la agilidad táctica y la profundidad, medios para hacer posibles operaciones de mayor ritmo y, por supuesto, observación des-de arriba. Las tripulaciones aéreas de exploradores aéreos poseían una curiosidad táctica perfeccionada con el tiempo por las repetitivas operaciones de reconocimiento y seguridad. Crecieron profesionalmente en una cultura que hacía hincapié en el hecho de que eran exploradores que llevaban a cabo su misión en una plataforma aérea específicamente adap-tada para su misión. Esta mentalidad y cultura les diferencia realmente de sus hermanos de los helicópteros de ata-que. Las tripulaciones aéreas de explorado-res aéreos trabajan en la modalidad «cabeza fuera de la escotilla» con la máxima visión periférica –algo que los operadores de los UAS no han reproduci-do con su visión a tra-vés de una «paja para refrescos» del campo de batalla–. Unidos a estaciones de control terrestres, los ope-radores del Shadow, Gray Eagle y otros Equipo de Kiowa Warriors HO-58D. (Fotografía del Ejército de Tierra de los EE. UU.).


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