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MEMORIAL DE CABALLERIA 79

Orgánica y Materiales 61 MATERIALES Aunque depende de los diferentes fabricantes y ejércitos usuarios, la norma general es que el armamento secundario esté formado por: –– Una ametralladora de grueso calibre (12,70 mm) para defensa antiaérea inmediata, situa-da en el techo de la torre, que también sirve para batir objetivos ligeramente protegidos. De todas formas, ante la poca eficacia de un arma de este tipo contra los medios aéreos actuales, se está tendiendo a sustituirla por otra ligera del mismo calibre que la coaxial (Challenger, Leopard 1/2, Merkava, Ariete, Centauro...). –– Una ametralladora coaxial con el cañón de 7,62 mm, usada a pequeñas distancias y contra objetivos descubiertos. –– En los últimos tiempos, siguiendo el ejemplo del Merkava israelí, algunos carros están re-cibiendo una segunda ametralladora en la torre manejada por el cargador (Abrams, AMX- 30 EM2, Rokit, Centauro...), e incluso una tercera sobre el escudo del cañón. Además, para evitar que los operadores se encuentren desprotegidos al hacer fuego, especialmente en el combate en zonas urbanizadas, existe una clara tendencia a emplear estaciones de armas de control remoto (RWCS). Actualmente, con la incorporación de di-versos tipos de municiones, los modernos sis-temas de lanzaartificios, como el Galix fran-cés, cabe considerarlos parte del armamento secundario, ya que pueden ser utilizados efi-cazmente contra personal; sin embargo, el corto número de artificios transportados, solo permitirá su uso como armas defensivas para casos muy puntuales, como por ejemplo prote-gerse de los equipos cazacarros. Es decir, un empleo parecido al del mortero de 60 mm que dota al Merkava israelí. Por ahora, no es probable que vayan a in-troducirse grandes innovaciones en los actua-les cañones, ya que los programas en estudio Con el uso de diferentes tipos de municiones, los sistemas de lanzaartificios como el Galix han pasado a formar parte del no parecen demasiado alentadores. Además, existe el problema añadido de los recortes armamento secundario. presupuestarios que han frenado totalmente cualquier proyecto, sobre todo si hay que asumir demasiados riesgos tecnológicos. De todas formas, para aclarar un tanto las ideas, hagamos unas cuantas aclaraciones. Aparte de los cañones con cargas de proyección convencionales, a lo largo de la historia, las principales potencias (Alemania, EE. UU., Francia, Japón, Reino Unido…) han llevado a cabo numerosos estudios en busca de nuevos sistemas de lanzamiento, con los que aumentar el alcance y la capacidad de perforación de los proyectiles. Esos estudios se encaminaron, principalmente, hacia cañones de carga de proyección líquida y a los llamados cañones eléctricos (térmicos y magnéticos). Como se desprende de su nombre, en los cañones con cargas de proyección líquida el proyectil es lanzado por la fuerza desprendida en la combustión, dentro de la recámara, de uno o dos com-puestos líquidos. Básicamente, las ventajas que proporcionarían estas armas son: ahorro de espacio, ya que pueden aprovecharse las zonas muertas del interior del carro para almacenamiento de la carga líquida; mayor seguridad tras un posible impacto, en el caso de emplear agentes dobles, ya que los compuestos almacenados no son explosivos; menor coste de producción de las municiones, al poderse eliminar buena parte de los actuales controles de fabricación; aumento de la precisión, ya que la dirección de tiro podrá controlar perfectamente la cantidad de carga de proyección inyectada,


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