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MEMORIAL DE CABALLERIA 79

Orgánica y Materiales 62 MATERIALES en cada caso concreto; simplificación de los complicados sistemas de carga automática, que, además, podrán reducirse de tamaño, o bien, aumentar la cantidad de municiones transportadas; y mayor poder de perforación de los proyectiles, cuya velocidad inicial podrá aproximarse a los 3.000 m/s. Aunque estas ventajas parecen muy intere-santes sobre el papel, lo cierto es que, hasta la fe-cha, no se han conseguido resultados aceptables. De hecho, algunos expertos mantienen que esta tecnología será más adecuada para las piezas de artillería que para los cañones de carro. En lugar de los gases de combustión, los caño-nes electrotérmicos utilizan plasma caliente para acelerar el proyectil, que puede alcanzar los 3.000 m/s de velocidad inicial. Sin embargo, la necesi-dad de un elevado suministro de energía eléctrica, impide hoy por hoy su adopción. Por ello, tanto los estadounidenses como los israelíes están ex-perimentando con cañones híbridos (podrían estar Cañón eléctrico probado desde hace años en Francia. disponibles en un plazo relativamente corto de tiempo), en los que una parte de la energía (30% apro-ximadamente) es proporcionada por plasma caliente y el resto por pólvoras convencionales. En cuanto a los cañones electromagnéticos, diremos que pueden ser de dos tipos: de raíles y de bobinas. Ambos impulsan el proyectil mediante la creación de campos magnéticos que implican un enorme consumo de energía, por lo que será imposible su adopción en el futuro próximo. Como dato simplemente anecdótico, citaremos que un cañón de raíles necesitaría, en el momento del disparo, una potencia de 2 GW para lanzar un proyectil de 1 kg a 3.000 m/s. En consecuencia, para poder efectuar unos 6 disparos por minuto, sería necesario contar con un motor de unos 3.800 CV, lo cual es totalmente inviable. Aunque los cañones de bobinas proporcionan un rendimiento muy superior, tampoco se encuentran dentro de unos límites aceptables. A pesar de todo, si los estudios que se están realizando, especialmente en Estados Unidos, en-caminados a instalar motores eléctricos en los carros futuros llegan a buen término, se daría un paso de gigante en el posterior desarrollo de este tipo de cañones pero, hasta ese momento, aún queda mucho camino por delante. En consecuencia con lo expuesto, en el futuro seguirán empleándose cañones convencionales, aunque, dado el avance experimentado por las corazas, habrá que aumentar su poder de perforación. Para ello, básicamente, existen dos posibilidades: incrementando la velocidad inicial del proyectil, o bien, haciendo lo propio con el calibre del cañón. Pero, teniendo en cuenta la fórmula de la ener-gía cinética, llegaremos fácilmente a la conclusión de que es mucho más rentable el aumento de la velocidad del proyectil que el de su masa. Sin embargo, esto que parece tan sencillo, a la hora de la verdad presenta muchos problemas de difícil solución, pues existe un límite teórico de 2.200 m/s para cualquier proyectil disparado con cargas de proyección convencionales. Por lo tanto, aunque los actuales cañones son más largos que sus antecesores, lo que incrementa el tiempo que los pro-yectiles son empujados por los gases de la combustión, y continuamente aparecen municiones con mayor poder de perforación, al final no quedará más remedio que aumentar el calibre de las armas; de ahí, que haya varios prototipos de 140 mm (al parecer, los rusos están probando piezas de 152 mm) en distinto estado de desarrollo. Las lecciones aprendidas de los últimos conflictos de cierta importancia han puesto de mani-fiesto que la mayoría de objetivos que presumiblemente tendrán que batir los carros en el futuro, dentro de la llamada guerra asimétrica, no serán otros carros sino blancos muy diversos (personal al descubierto o con protecciones de circunstancias, vehículos ligeros, casamatas, búnkeres, edificios, francotiradores, etc.), lo que favorece el uso de las armas convencionales.


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