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MEMORIAL DE CABALLERIA 79

Historia 85 HISTORIA El contrato que el cabildo había firmado con Isabel no permitía la venta ni subarriendo de la huerta. Hernán Pérez, no teniendo conocimiento de dicho contrato, en 1533 decidió venderla a Alonso Hernández Zamarrilla, de origen morisco, labrador y tratante de ganado, llevando a cabo la correspondiente escritura de compraventa. Habiendo partido Hernán hacia el continente americano, Hernández Zamarrilla tomó posesión del huerto y construyó una vivienda. Pasaron los años y el deán del cabildo catedralicio, que no había cobrado del heredero de Isabel López, Hernán Pérez, renta alguna, presentó una demanda ante Cristóbal Aybar, alcalde mayor de Málaga, pidiendo la devolución de la propiedad. El siguiente alcalde mayor, Rodrigo Yanes, condenó a Zamarrilla a pagar 100 maravedíes y una gallina cada año, mientras viviera Hernán Pérez, debiendo otorgar nueva escritura reconociendo al cabildo como dueño de las tierras compradas. Zamarrilla, persona adinerada, siguió viviendo y explotando las tierras; pero a principios de 1543 este y su esposa, Leonor de Morales, fueron denunciados a la Inquisición por prácticas de ritos pertenecientes a la religión musulmana, siéndoles requisados todos sus bienes. El cabildo pidió recuperar las tierras pero el Santo Oficio falló que, mientras viviese Hernán Pérez, este tendría en usufructo el huerto pagando la renta estipulada. Muerto Hernán en 1551, el cabildo recuperó el huerto arrendándolo de nuevo al tendero Miguel Sánchez de Orgaz y su mujer Catalina Gómez, debiendo estos cercar la propiedad antes de dos años. A partir de este momento el apellido Zamarrilla será el nombre que se dará no solo al huerto, sino también a la cruz del humilladero, dada la proximidad de ambos. En el barrio de la Trinidad, muy próximo a este paraje, había calado muy hondo la desgracia que Zamarrilla sufrió por las injusticias. En documentos posteriores aparecerán referencias a este lugar; así, en 1649 se construyó un hospital y una puerta de entrada a la ciudad en el citado barrio, conocidos respectivamente como «hospital San Félix de Zamarrilla» y «puerta de Zamarrilla». Se cree que a finales del siglo XVII los vecinos del barrio de Trinidad tenían la costumbre de rezar el rosario a los pies de la «cruz de Zamarrilla», y como consecuencia de ello el padre fray Matías de Ávila, procurador del Real Convento de Santo Domingo, solicitó en 1730 permiso para A la izquierda, imagen del Santo Suplicio y a la derecha el Cristo de los Milagros y la Virgen de la Amargura.


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