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16 Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos Núm. 2 / 2013 Bhutto, y más tarde por su sucesor, el general Zia ul Haq (1977-1988), contribuyeron a relajar nuevamente la tensión. Este proceso de entendimiento mutuo llegó a su fin con la llegada al poder en Afganistán del Partido Comunista tras una violenta revolución en 1978. Fue a mediados de los años setenta cuando Pakistán comenzó a interferir de manera más directa en los asuntos de Afganistán. Tras el golpe de Estado de Daud en 1973, el Gobierno de Bhutto acogió en sus áreas fronterizas a disidentes afganos. Entre ellos se encontraban varios individuos que llegarían a ser relevantes islamistas y conocidos muyahidines más tarde, como Gulbuddin Hekmatyar, Jalaluddin Haqqani, Yunus Khalis, Abdul Rab Rasul Sayyaf, Buranuddin Rabbani o Ahmed Shah Masud. Estos primeros insurgentes afganos recibieron entrenamiento y pertrechos por parte del Cuerpo de Fronteras pakistaní.9 A cambio, el nuevo poder comunista surgido en Afganistán en 1978, impulsó las reclamaciones de un Pastunistán independiente, con la intención de asegurarse el apoyo de los nacionalistas pastunes y acercarse a las conservadoras tribus de la frontera pakistaní, reacias a dar su apoyo al nuevo régimen. Entre otras cosas, los servicios de inteligencia afganos promovieron actos de terrorismo en la NWFP y el apoyo al pequeño movimiento nacionalista pastún en esta región. En los años ochenta, con la presencia del Ejército soviético en Afganistán, las relaciones con Pakistán dieron un nuevo giro. El Gobierno afgano se convirtió en un satélite de la URSS, mientras que Pakistán pasó a alinearse con los muyahidines afganos y con los EE.UU. A lo largo de la década de los ochenta, Pakistán se vio profundamente implicado en los asuntos internos de Afganistán. Durante la lucha contra los soviéticos, Pakistán proporcionó suministros y refugio a los combatientes afganos, canalizando la ayuda estadounidense a través del Inter-Services Intelligence Directorate (ISI, una de las agencias paquistaníes de inteligencia militar). La implicación de Pakistán en el conflicto afgano vino condicionada por varios factores: la tradicional enemistad entre ambos países; el miedo real a un control comunista de Afganistán que, en la práctica, pondría a Pakistán en la frontera de la Unión Soviética; el conservadurismo del régimen del general Zia ul-Haq que promocionaría, a lo largo de los años ochenta, el concepto de la guerra de Afganistán como una lucha religiosa, apoyando con ello el surgimiento y consolidación de la ideología yihadista; y por último, las nuevas concepciones estratégicas del Ejército pakistaní desarrolladas durante los años setenta y ochenta y que se basaban en la “profundidad estratégica”. El concepto de “profundidad estratégica” va a marcar la política exterior de Pakistán 9  PETERS, Grettchen, “Haqqani network financing: the evolution of an industry”, Combating Terrorism Center, Harmony Program, julio de 2012, p.14. El Cuerpo de Fronteras o Frontier Corps pakistaní es una fuerza paramilitar compuesta fundamentalmente por pastunes. Su ámbito de actuación son los territorios fronterizos con Afganistán y lo forman unos 80.000 hombres bajo mando del Ejército.


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