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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

122 GONZALO LORÉN GARAY Al mediodía la aviación nacional bombardea a sus propias tropas. No es extraño que pensaran que se trataba del enemigo pues no tenían conoci-miento de que todavía resistían. A continuación los defensores izaron bande-ra blanca pero los combates se reanudaron inesperadamente (no es seguro si por iniciativa de unos o de otros). Más tarde se realizan negociaciones entre los defensores y un oficial republicano español. Hacia las cuatro y media de la tarde se rinde la gran mayoría de los defensores pero hay algunos que no tienen intención de hacerlo bajo ningún concepto. Dos horas después los republicanos dieron por tomadas todas las posiciones con la conquista del cabezo de la Nariz. Solo en estas colinas se da una cifra de 470 prisioneros. Rastreando la vega del río se capturaron otros cuarenta más. En el parte de guerra nacional se habla de que se había expulsado al enemigo en el sector del norte del Ebro y que en el sector sur continuaba la presión enemiga. Nada se menciona sobre Quinto (documento n.º 11). En el republicano se anuncia la entrada en Villamayor (esto no es cierto). Se men-ciona también que, tras ocupar Quinto, quedaba resistencia en la «antigua posición que poseían los facciosos al sur de Quinto, que se hallaba perfecta-mente organizada. Allí llegaron a reunirse unos 500 hombres». También se indica que se hicieron 831 prisioneros en el sector y que a las seis de la tarde se acabó de limpiar la zona (documento n.º 12). TRAS LA BATALLA DE QUINTO La toma de Quinto y alrededores (incluyendo Bonastre y la estación de Pina) pudo suponer a los republicanos unos 150 muertos y 400 heridos. En el lado nacional se produjeron 450 muertos y 950 prisioneros (la mitad de ellos heridos). Solo un centenar de defensores consiguieron escapar del cerco. Casi todos los oficiales y suboficiales nacionales que no murieron en combate, fueron ejecutados tras la batalla. Las fuentes de las brigadas inter-nacionales atribuyen esta acción a soldados republicanos de nacionalidad española que la realizaron de manera espontánea y con motivo de un cruce de insultos. Indican su desagrado por estos fusilamientos aunque advierten que esta reprobable conducta se daba en ambos bandos62. En el parte de guerra nacional del día 27 no se menciona la zona al sur del Ebro, y del sector de Zuera, se dice que se habían destruido «tres batallones rojos». En el republicano se refleja su éxito en la toma de la Pue-bla de Albortón y se habla de combates de especial intensidad en la zona de 62  N. CARROL, Peter: The Odissey of the Abraham Lincoln Brigade. Stanford University Press, Stanfor (California), 1994, p. 155. Recogido del diario de Robert Hale Merriman. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 89-134. ISSN: 0482-5748


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