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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

184 VICENTE PUCHOL SANCHO En cambio, Giulio Santini, en un artículo publicado en 1907, no deja en muy buen lugar el comportamiento de los soldados españoles. Ahora bien, el artículo, con claros tintes demagógicos, fuerza los datos y descon-textualiza el contenido de los documentos para decir lo que le interesa. Bas-ta una simple lectura para darse cuenta. Naturalmente, al mismo tiempo, omite todo hecho o comentario que pueda elogiar la actuación y conducta de los españoles67. Les acusa de haber sufrido un contagio de sarna68; de que la mayor parte de los ciudadanos no compartían el entusiasmo de las autoridades hacia los españoles69; de haber maltratado a los arrieros que eran contratados para transportar los efectos de las unidades70; de que la carta que el alcalde de Rieti envió al general Córdova el 12 de octubre, •  Ni el alcalde de Nerola ni ninguna otra autoridad civil podía enviar a un soldado espa-ñol como correo. Dicha orden tan solo podía dársela un superior militar. •  La noche del 17 pernoctó en Nerola la columna del general Zavala; mientras que el general Córdova lo hacía en Magliano, en las inmediaciones de Rieti. Es, por tanto, poco verosímil que estando el general en jefe de la expedición al lado de Rieti fuese un general subordinado, que además se encontraba a una jornada de marcha, quien tomase una decisión de este tipo. •  Tiene poco sentido que los militares españoles enviasen un correo desde Nerola, a las 10 de noche, para anunciar su próxima llegada a la ciudad, y a las 3 de la madrugada se mandase un grupo de jinetes con la misma misión, tal y como indica Sacchetti. •  Por otro lado, parece más que exagerado que, tal y como nos cuenta Sacchetti, para detener a una sola persona se enviasen, nada menos, que ¡50 soldados! 67  SANTINI, Giulio: «Gli spagnoli in Rieti nel 1849», en Archivio Storico del Risorgi-mento Umbro, anno III, fasc I, Firenze, 1907, pp. 34-35. 68  SANTINI, Giulio: op. cit., pp. 26-27. El autor no cita referencia alguna. En cambio, en la documentación que nos ha llegado relativa a los enfermos no aparece ninguna alusión a un posible contagio de sarna. La inmensa mayoría de las hospitalizaciones que hubo eran consecuencia de la insalubridad y de las condiciones climáticas. 69  SANTINI, Giulio: op. cit., p. 28. Sobre este punto hay que distinguir dos aspectos. En primer lugar el falso apoyo que da a su argumentación, ya que el hecho de que algunos ciudadanos no acogiesen de buena gana a los españoles en sus casas no quiere decir que la mayoría de la población estuviese contra la presencia de los españoles, ni tan siquiera que estos lo hiciesen por rechazo. En muchos casos lo hacían como protesta por la carga que suponía su prolongada estancia, ajena al ámbito familiar, y presu-miblemente por el escaso dinero que el municipio les daba en compensaciónodrs lo hiciesen por rechazo a estos. cios picios y tambi con tanta facilidad una tasa que podr-tares españoles, por lo que esto. La carta del alcalde pretendía corregir la injusticia que suponía evadir esta obligación consuetudinaria por parte de algunos ciudadanos; mien-tras que era asumida por la mayoría. Y este es el segundo aspecto a tener en cuenta, ya que entonces una de las tasas que el Estado imponía a los municipios era correr con el gasto de alojamiento de las tropas que se encontraban de paso en la población. En los Estados Pontificios, durante los meses que duró el gobierno de la república romana, el alojamiento de las tropas se efectuaba de dos formas: los soldados eran acuartelados en edificios públicos que se acondicionaban expresamente y los oficiales en fondas y vi-viendas particulares, recibiendo los patrones en compensación una ayuda económica. 70  SANTINI, Giulio: op. cit., pp. 20-30. Ciertamente se dio un caso de este tipo y se abrió la correspondiente causa. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 163-217. ISSN: 0482-5748


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