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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA TÁCTICA: EVOLUCIÓN... 227 de fuego. Siendo fácilmente asimilable el efecto producido al elevar la pun-tería del cañón, la confección de la pólvora, en cambio, continuaba siendo materia de discusión a finales del siglo XVIII. Una nueva ciencia, la química, dirigió parte de sus esfuerzos a dilucidar cuál era la mejor proporción de los componentes de la pólvora y calcular sus efectos precisos. Habiendo Ro-bins, en 1742, determinado la capacidad de expansión de la pólvora una vez inflamada, un gran número de científicos y tratadistas –entre ellos, Joseph Dulacq (1757), Henri-Louis Duhamel (†1782) y James Hutton (†1797)– tra-taron de realizar los cálculos con mayor precisión dando resultados muy dispares. Pero más importante que conocer el volumen de los gases pro-ducidos por la pólvora era saber con precisión la proporción óptima de sus ingredientes y sus características. La composición de la pólvora no había sufrido modificación desde su descubrimiento: consistía en una mezcla de salitre, azufre y carbón. No ocurría lo mismo con la proporción de estos ingredientes. La considerada idónea por los franceses desde Saint Rémy y ya utilizada por los españoles un siglo antes tenía un 75% de salitre, 12,5% de azufre y 12,5% de carbón9. Más allá de esta composición y a pesar del trabajo de químicos tan acreditados como Joseph Louis Proust (†1826) y Jean-Antoine Chaptal (†1832), tan solo se pudo avanzar en los procedimien-tos de fabricación de la pólvora, pero poco en el conocimiento certero de los efectos de la misma, de la cantidad de fuerza que era capaz de generar o del tiempo que debía durar el mezclado de sus componentes. La utilización de la prensa hidráulica en Inglaterra, en especial, permitió la producción de una pólvora de gran calidad, fruto de un batido más enérgico. En la búsqueda de pólvoras más densas, Proust abogaba en 1812 por la utilización del carbón de agramiza, que requería un menor tiempo de batido para resultados muy similares a las otras variedades10. Sin embargo, los españoles, manteniendo sus procedimientos tradicionales, eran también capaces de fabricar pólvora de excelente calidad, como era el caso de la de Manresa, considerada por el mismo Proust como una de las más aventajadas de Europa11. En cuanto a la cantidad de pólvora óptima para un disparo, los avances en la manufactura de las bocas de fuego permitieron su reducción hasta un tercio del peso del proyectil para conseguir efectos óptimos en los cañones de 24, 16, 12 y 8 libras, hasta la mitad para los de 4 libras12. 9  Vid. SALAS, Ramón de: Memorial histórico de la artillería española. García. Madrid, 1831, p. 93. 10  Vid. PROUST, Joseph-Louis: Recueil des mémoires sur la poudre à canon. Bachelier. París, 1812. 11  Cit. MORLA, Tomás: Tratado de Artillería, T.1. Josef Espinosa. Segovia, 1816, pp. 145-146. 12  Vid. LE BLOND, Guillaume: L’Artillerie raisonné. Jombert. París, 1761, p. 104. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748


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