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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

228 GERMÁN SEGURA GARCÍA Aunque tanto la balística como la química habían tratado de profun-dizar en los misterios de la artillería, reducirlos a valores cuantificables, el método científico no pudo progresar más en esta materia, por el momento incapaz de mayor precisión y de poder enunciar leyes más rigurosas. Mien-tras tanto, los artilleros del siglo XVIII, trabajando día a día con sus bocas de fuego, conseguían introducir nuevos adelantos técnicos que facilitaban su manejo y aumentaban su precisión. La generalización del empleo del saquete, por ejemplo, significó un gran avance ya que permitía tener prepa-radas las cargas de pólvora en cantidades fijas, proporcionando una mayor velocidad de tiro (en teoría dos o tres disparos por minuto) y eliminando el factor de imprecisión que significada realizar la carga a tanteo con la cucha-ra. Asimismo, al objeto de facilitar la maniobra de puntería, se modificó la posición de los muñones, se adoptó el tornillo giratorio para elevar el cañón, en lugar de utilizar cuñas de madera, y se introdujo el alza para corregir la puntería en alcances superiores al punto en blanco13. Estos pequeños ade-lantos, unidos al perfeccionamiento de las fundiciones y del diseño de los carruajes en un momento en el que la tecnología marchaba a mayor veloci-dad que la misma ciencia, proporcionarían una gran eficacia a la artillería y obligarían a los generales a replantear su uso en la batalla campal. Mejoras para aumentar la eficacia de los materiales Favorecidos igualmente por el espíritu tecnológico de la centuria, el personal de las fundiciones metalúrgicas actualizó y mejoró los procedi-mientos de fabricación de los cañones, produciendo materiales de mejor calidad, más fiables y ligeros. Previamente se había tratado de unificar los calibres, acabando con la variedad de piezas en un impulso homogeneizador que provino de los distintos gobiernos europeos de forma paulatina. A prin-cipios del siglo XVII, los españoles ya habían reducido sus cañones a cuatro calibres (40, 24, 19 y 5 libras). Un siglo más tarde se amplió a cinco (24, 16, 12, 8 y 4 libras) en la que se conocería, a partir de 1728, como arti-llería de ordenanza. Los franceses, de la mano de Jean-Florent de Vallière (†1776), realizaron su reforma por medio de la Ordonnance de 1732, fijando los calibres igual que los españoles. El prestigio militar con el que contaba por entonces Francia favoreció la popularización del sistema de Vallière, que fue copiado por las principales potencias europeas y luego llevado a un 13  Se le llama punto en blanco a la intersección de la trayectoria y la línea de tiro, siempre que esta última sea horizontal. El alcance en punto en blanco de un cañón de 4 libras era aproximadamente de 350 metros. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748


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