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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA TÁCTICA: EVOLUCIÓN... 229 mayor grado de perfección por Jean-Baptiste de Gribeauval (†1789). Arti-llero francés de reconocido prestigio, mantuvo los mismos cinco calibres que su antecesor, aligerándolos notablemente y proponiendo modelos largos y cortos en los cañones de 12, 8 y 4 libras. Esta fue la artillería de campaña que contribuiría a los éxitos militares de la República francesa y del Imperio napoleónico. La reforma de Gribeauval no hubiera podido llevarse a cabo sin los progresos de las técnicas de fundido de metales y sin la introducción de máquinas de mejor rendimiento en el proceso de elaboración de los ma-teriales. Por aquel entonces, los cañones se fabricaban principalmente en bronce, subsistiendo también la artillería de hierro colado para la marina, debido a su menor peso. Esta mayor ligereza podría haberla hecho idónea para su uso en campaña, pero la complejidad de eliminar las impurezas del hierro provocaba una extrema falta de fiabilidad en el material, el cual podía reventar inopinadamente sin poder estimarse su tiempo de servicio. Esta era la razón por la que los trenes de campaña se dotaron usualmente de artillería de bronce. El bronce es el producto resultante de la aleación o liga del cobre y del estaño en unas proporciones que variaban según el entender de los fundidores (entre 8% y 12% de estaño). Los metales se fundían y se li-gaban para construir cañones por medio de dos procedimientos: el fundido en hueco o el fundido en sólido. El primer método era el que predominaba a principios del siglo XVIII. A grandes rasgos, consistía en verter la colada del metal fundido en un molde o macho que tenía la forma del cañón, colocando una guía llamada diestra en la zona interna para que el ánima se mantuviera centrada en el eje longitudinal de la misma. Tras solidificarse el metal se rompía el molde y se extraía el cañón para alisarlo más en detalle. Era el procedimiento más sencillo, pero tenía varios inconvenientes. La defectuosa colocación o el mínimo desplazamiento de la diestra provocaban el descen-trado del ánima y, en consecuencia, errores en dirección durante el tiro. Por otro lado, los metales no se repartían homogéneamente, y en consecuencia había zonas del tubo con menor espesor que otras, además de originar vien-tos (holguras entre el proyectil y el ánima) y escarabajos (burbujas producto de la desaparición del estaño). El segundo método, o fundido en sólido, se implantó definitivamente, no sin polémica, durante el siglo XVIII. Consistía en abrir, por medio de una barrena horizontal, el ánima en un bloque de bronce macizo con la forma del cañón. Como señalan algunos autores, este fue el avance tecnológico más significativo y trascendental en las técnicas de fabricación del material de Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748


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