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230 GERMÁN SEGURA GARCÍA artillería en esta centuria14. Sin embargo, este método de fundición no era nuevo. Los españoles ya practicaban el sistema de barrenado al menos desde principios del siglo XVII15, y los italianos pudieron haberlo empleado desde finales del XV. Solo la complejidad del procedimiento, llevado a cabo con máquinas que no estaban a la altura de las concepciones de los fundidores, relegó las barrenas a tareas secundarias, como la de afinar las ánimas en los cañones fundidos en hueco. La invención de máquinas más perfeccionadas impulsó de nuevo la fundición en sólido, no sin las quejas de los partidarios del método tradicional. Se atribuía a los cañones fundidos por este método una menor dureza de sus ánimas, de forma que los proyectiles, al golpear las paredes del tubo, provocaban un deterioro prematuro del material. Por otro lado, al vaciar el ánima se desperdiciaba del orden del 25% del metal y, al reutilizar estos desechos en nuevas ligas, no se podía predecir cuál sería la calidad del bronce en las mazarotas16. Las pruebas de tiro realizadas con los cañones fundidos en sólido demostraron, no obstante, que la consistencia de los mismos era más que suficiente. El suizo Jean Maritz (†1743) fue el fundidor que perfeccionó la máqui-na de barrenar horizontal movida por fuerza hidráulica. Tras haber ensayado una barrena vertical, Maritz desarrolló el sistema que le hizo famoso en toda Europa. Consistía en hacer girar un bloque macizo de metal al tiempo que una barrena permanecía estática centrada en su interior, logrando así cañones de ánimas perfectamente rectilíneas. Los franceses contrataron a Maritz en 1734 para hacerse cargo de la fundición de Lyon e introducir su máquina de barrenar. Más tarde, uno de sus hijos, también llamado Jean Maritz (†1790), fue nombrado inspector general de las fundiciones francesas en 1755. Conocedores de los avances realizados por el suizo, desde 1739 los británicos habían introducido en sus fundiciones las máquinas de barrenar, de manera que consiguieron aumentar la producción de cañones fiables y pusieron en juego, durante la guerra de Sucesión austriaca (1740-1748), un poderoso tren de artillería. Sin embargo, la experiencia les aconsejó a re-ducir sus modelos más pequeños (cañones de 1,5 y 2 libras) y depositar su 14  HERRERO, M.ª Dolores: Ciencia y Milicia en el siglo XVIII: Tomás de Morla, artil-lero ilustrado. Patronato del Alcázar de Segovia, 1992, p. 226. 15  «Por lo que toca a España, parece poder asegurarse que el éxito de la realización corresponde en realidad a Francisco Ballesteros discípulo a su vez del alemán Juan Vautrier, a quien se reconoce el mérito en cédula de 1633. Lechuga (que publica su obra en 1611) explica ya el método empleado para barrenar una pieza, por medio de un pesado mecanismo movido a brazo». VIGÓN, Jorge: Historia de la Artillería españo-la, T.1. Instituto Jerónimo Zurita CSIC. Madrid, 1947, p. 323. 16  «Una mazarota es un compuesto de bronces nuevos y de otros refundidos parte una vez, parte dos, y así en una progresión cuyo último término es imposible conocer». MORLA, op. cit. (I), p. 345. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748


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