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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA TÁCTICA: EVOLUCIÓN... 237 al general del ejército hacer sentir su voluntad en el campo de batalla, decidiendo el lugar y el momento en el que una acertada concentración de fuegos podía abrir brecha en las líneas enemigas y facilitar el asalto de la infantería o caballería. Para ello se requería una coordinación interarmas que no siempre fue lograda ni tampoco los antiguos medios de mando y control podían garantizar. Sea como fuere, el fuego concentrado de las grandes baterías podía causar en las tropas contrarias un efecto devastador, tanto psicológico como físico, obligándolas a resguardarse e impidién-doles efectuar sus evoluciones sin arriesgarse a sufrir sensibles pérdidas. De hecho, algunos autores calculan que una batería correctamente empla-zada y bien dirigida podía causar por término medio entre 1 y 1,5 bajas por disparo, así como el 50% disparando metralla de balas de fusil en los últimos cien metros30. Lejos quedaban los tiempos en los que la artillería era del todo inefi-caz en el campo de batalla y entorpecía de forma considerable la maniobra de los ejércitos. A inicios del siglo XIX, la artillería había conseguido desli-zarse de lleno dentro de la reflexión táctica, sus prestaciones la habían convertido en un factor decisivo en el combate. Después de tantos años de postración, de ser el blanco de recelos y dudas algunas veces justificadas, los artilleros de toda Europa podían sentirse orgullosos de la artillería que su trabajo, estudio y técnica habían elevado a esa nueva posición de pres-tigio. Pero había que contener la euforia. Como había señalado Guibert Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748 años atrás, «Decir, con algunos oficiales de artillería, que lo han avanzado en sus escritos, que la artillería es el alma de los ejércitos; que la superiori-dad de la artillería debe decidir la victoria, es otro error fruto, o de una precaución del cuerpo de artillería, o del amor al arte que se cultiva. (…) Pero, ¿qué importa de dónde vienen los errores, desde el momento en que los errores existen? Demasiado ensalzar la artillería y creer dema-siado en sus efectos, rebajarla más de la cuenta y hacer pocos méritos de ella, son dos extremos igualmente perjudiciales»31. 30  Ibídem, p. 67. Cfr. MUIR, Rory: Tactics and Experience of Battle in the Age of Na-poleon. Yale University Press, New Haven y Londres, 2000, p. 42 y ss. «Lo más que podemos decir es que en los casos en los que tenemos evidencia de la munición consu-mida y de las bajas sufridas por el ejército contrario, es preciso, por término medio, un buen número de disparos de artillería para infligir una baja al enemigo; aunque, por supuesto, baterías individuales disparando a cortas distancias habrían sido mucho más efectivas». 31  GUIBERT: op. cit. (I) p. 450.


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