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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

238 GERMÁN SEGURA GARCÍA Epílogo: la artillería volante Durante la guerra de los Siete Años, Federico el Grande introdujo una última innovación en el empleo de la artillería, ejemplo máximo de la mo-vilidad que los tácticos estaban tratando de imponer en el campo de batalla. Desde 1758, el monarca prusiano había estado trabajando para dotarse de una artillería volante o a caballo, e incluso la había ensayado con éxito en la batalla de Reichenbach (1762). Sin embargo, fue en la acción de Rostock (1778) cuando esta novedad, que causó gran impresión en las tropas austria-cas y contribuyó a su derrota, sería plenamente asimilada por el resto de po-tencias europeas. Constaba la artillería volante prusiana de un obús y de seis cañones de 6 libras, servidos por artilleros montados a caballo y que evolu-cionaban al ritmo de los escuadrones de caballería con el fin de proporcio-narles continuamente apoyos de fuego. Años más tarde, la artillería volante pasaría a emplearse como una reserva móvil, actuando preferentemente con las tropas de vanguardia o retaguardia sin hacer distingos entre infantería o caballería. Los franceses la introdujeron en sus ejércitos en 1791 y cuatro años más tarde ya contaban con seis regimientos montados. El Reino Unido siguió la misma senda en 1793 y Rusia en 1794. España también reclamó el mérito de haber sido la primera nación en hacer uso de la artillería volante: «Las Naciones han querido por una emulación rencorosa atribuirse las invenciones que el universo admira y adopta. La gloria de creadores queda escrita en sus fastos, y la aprecian con animosidad, sin duda porque prueba la virtud de su poder y sabiduría. Algunos han procurado en diversas materias adquirirse esta 5r reputación sin haber tenido otro mérito que descubrir las invenciones ya sepultadas en los senos de la antigüedad, o añadir ligeras modificaciones a lo que otros discurrieron. Como la gloria militar es la más brillante, se disputan las Naciones la virtud de sus inventos, cada una da un nuevo aspecto a lo ya discurri-do para presentarlo con novedad. La ambición ha contribuido a tantos metamorfoseos y súbitas transformaciones que parecían fabulosas si la experiencia no las manifestase»32. «Nuestra primera artillería a caballo se formó el año de 1777 por el joven oficial de artillería don Vicente Maturana, hallándose de ayudante de órdenes del virrey de Buenos Aires. El objeto de em-prenderlo en aquellos países fue el de poder acudir prontamente a 32  PEÑALOSA, Clemente: Memoria sobre la artillería volante o de a caballos. Segovia, 1796, fols. 4v-5r. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 219-250. ISSN: 0482-5748


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