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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA RETRIBUCIÓN DE LOS SERVICIOS MILITARES EN LA... 57 en segundo, alejar de la profesión de las armas a individuos capacitados y a futuros reclutas, pues ante las pocas probabilidades de ser promocionados se mostrarían poco dispuestos a iniciarse en este oficio3. Para invertir tal tendencia, y que los soldados encontraran motivacio-nes para el servicio, propuso que las ventajas (gratificaciones extraordina-rias concedidas por haber realizado alguna hazaña) fueran reservadas a quie-nes sirvieran durante al menos cinco años, o se destacaran en algún hecho de armas relevante. Otra medida acertada sería premiar con el gobierno de presidios, fortalezas y castillos a quien, siendo menor de 40 años, acreditara un mínimo de 10 años en los ejércitos reales4. En mi opinión se trata de una propuesta que busca regular el binomio años de servicio-gratificaciones, a la manera de un contrato entre el monarca y sus soldados, con el objetivo de asegurarles que tras una serie de años en el ejército obtendrían una merecida recompensa. Tales inquietudes fueron compartidas por el alférez Juan de Funes a principios de la década de los 80, pues la elección de la oficialidad era uno de los aspectos (por no decir el principal) a los que debía prestar mayor atención, sobre todo por la influencia que ejerce sobre la tropa. Así los únicos aptos para tal responsabilidad eran los soldados veteranos, tanto por razones operativas como ejemplarizantes, pues su promoción debía servir de acicate al resto para aspirar a lo mismo5. Desde su autorizada opinión responsabiliza al alto mando de no tomarse en serio una cuestión tan tras-cendental como esta, pues en general solían promocionar a sus conocidos por encima de quienes realmente lo merecían. Por ese motivo sería acon-sejable reducir su influencia a la hora de realizar los nombramientos, y que el poder real tuviera mucho más peso en todo el proceso. Lo ideal sería que los capitanes generales y maestres de campo generales no tuvieran capaci-dad para proveer los empleos de la oficialidad, limitándose a proponer al Consejo de Guerra a los candidatos, siendo este organismo quien asumiera la decisión final6. Pero canalizarlo todo en la administración real tampoco parece ser la solución al problema pues, según denunciaba Bernardino de Escalante, 3  Biblioteca Nacional (en adelante BN), manuscritos (en adelante Mss), 12615, fol. 160r. «Relación de algunas cosas cumplideras al servicio de S.M. acerca de la gente de gue-rra, por un vasallo de S.M., que ha residió 21 años en sus ejércitos». S.f., s.l. 4  Ibídem, fols. 161v y 165r. 5  FUNES, Juan de: Arte militar en el que se declara que sea el oficio de sargento mayor, y que sea orden cuadrada y cómo se ha de caminar con una compañía de infantería, o con un tercio o ejército, o dónde ha de ir la artillería, bagajes y carruajes, con otros avisos necesarios al dicho oficio, por el alférez (...). Pamplona, 1582, fol. 11v. 6  Ibídem, fol. 33v. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


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