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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

58 AGUSTÍN JIMÉNEZ MORENO cuando se formaban nuevas compañías los capitanes eran designados por dicho organismo. Y en ese supuesto también se concedía el mando a su-jetos poco capacitados, con las pésimas consecuencias que ello acarreaba para el servicio a la Corona: malos oficiales, desazón entre los beneméri-tos, descrédito de la milicia y falta de atractivos para el servicio7. En cuan-to al modo de remediar este problema se mueve en una dirección contraria a la del alférez Funes. A este respecto, y a pesar de que los cuadros supe-riores del escalafón podían realizar algunos nombramientos en individuos que no lo merecieran, su opinión siempre sería más autorizada que la de un burócrata sin contacto con la profesión de las armas. Con todo, limita su campo de actuación a los empleos de capitán, alférez, sargento y cabo, que deben ser elegidos entre los más capacitados del puesto inmediatamente inferior, de modo que los soldados tengan esperanzas ciertas de ascender8. Por el contrario, para proveer los de sargento mayor y maestre de campo, se manifiesta a favor de que sea el rey, representado por los consejos de Estado y Guerra, quien haga estas elecciones entre los capitanes más ex-perimentados9. El capitán Marcos de Isaba recomendó conceder los empleos de la oficialidad a hidalgos y segundones, pero siempre y cuando demostraran tener los conocimientos necesarios10. Si se escogía para esta responsabilidad a los mejores se daría un paso de gigante para la estabilidad del dispositivo militar hispano, pues con ello se conseguirían dos beneficios: se recompen-saría a quienes lo merecieran, y habría individuos motivados para el servicio pues tendrían esperanzas de ascender en el escalafón11. Bernardino de Mendoza12 también defendió un sistema de ascensos basado en la experiencia y en los servicios previos, pues la nobleza de san-gre por sí misma no justificaba el disfrute de un puesto de mando13. Ade- 7  ESCALANTE, Bernardino de: Diálogos del arte militar Edición de MARTÍN PO-LÍN, Raquel. Ed. Ministerio de Defensa, Madrid, 2002, pp. 125-126. 1.ª edición: Sevilla, 1583. 8  Ibídem, p. 162. 9  Ibídem, pp. 175-176 y p. 198. 10  ISABA, Marcos de: Cuerpo enfermo de la milicia española, con discursos y avisos para que pueda ser curado, útiles y de provecho, compuesto por el capitán (…). Edi-ción de MARTÍNEZ RUIZ, Enrique. Ed. Ministerio de Defensa, Madrid, 1991, pp. 77-78. 1.ª edición: Madrid, 1594. 11  Ibídem, p. 78. 12  Sobre la trayectoria militar, diplomática y literaria de Bernardino de Mendoza: CA-BAÑAS AGRELA, José Miguel: D. Bernardino de Mendoza, un escritor soldado al servicio de la Monarquía Católica (1540-1604). Diputación Provincial de Guadalaja-ra, 2001. 13  CARRASCO MARTÍNEZ, Adolfo: «Guerra y virtud nobiliaria en el Barroco. Las no-blezas de la Monarquía Hispánica frente al fenómeno bélico (1598-1659)», en: GAR- Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


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