Page 61

REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA RETRIBUCIÓN DE LOS SERVICIOS MILITARES EN LA... 61 opciones: o bien el monarca pagaba a sus soldados puntualmente (nivelando esta ocupación con el resto de profesiones), o se reservaban los hábitos y las encomiendas de las órdenes militares para gratificarles. En caso de optar por esta segunda, sería suficiente con decretar que la mayor parte de ellas fueran destinadas a este fin, tras comprobar que el aspirante había servido durante una serie de años convenidos previamente, si bien no especifica cuántos21. No obstante tenía asumido que se trataba de una misión condenada al fracaso, pues estas mercedes eran objeto de una fuerte demanda por parte de individuos ajenos a la profesión de Marte. En cuanto a las encomiendas, una buena opción sería separarlas en dos categorías: «encomiendas de paz» y «encomiendas de guerra». Las primeras, destinadas a gratificar servicios ajenos a la carrera militar, y las segundas, para recompensar méritos realiza-dos en el campo de batalla. Para que su idea pudiera salir adelante, el poder real debía cumplir una premisa: no podría concederse ninguna «encomienda de guerra» a personas sin vinculación con el mundo de las armas, pues ellos tenían reservadas las suyas propias22. Otra posibilidad, si bien mucho más modesta, sería acaparar la quinta parte de las rentas de las encomiendas para constituir una serie de premios, dotados con 50 ducados cada uno, que se concederían a los soldados que hubieran realizado algún servicio distingui-do, con la peculiaridad de que podían acumularse varios23. Más o menos por esos años aparecieron las propuestas de Cristóbal Pérez de Herrera, uno de los autores más paradigmáticos de la corriente arbitrista. De su vasto programa reformista pueden destacarse sus disposi-ciones relacionadas con la mejora de las condiciones de vida de los milita-res, buscando que fueran convenientemente remunerados. Una de ellas era la constitución de un organismo, presidido por un «protector general de la milicia», auxiliado por dos «diputados», cuya misión sería acoger a todos los soldados que se encontraran en la Corte tramitando sus solicitudes de mercedes, e interceder a su favor para que se despacharan con la máxima celeridad. Si bien lo que realmente buscaba era que no se vieran obligados a viajar hasta la capital de la monarquía para realizar dichas gestiones24. Si bien detrás de esta iniciativa se encontraba el dar respuesta a un problema que no era nuevo, y que continuó preocupando a la «opinión pública»: los problemas de seguridad que ocasionaba la presencia de un numeroso grupo 21  Ibídem, fol. 5r. 22  Ibídem, fol. 4r. 23  Ibídem, fol. 4v. 24  PÉREZ DE HERRERA, Cristóbal: Discurso décimo y último al rey D. Felipe, nuestro señor, del ejercicio y amparo de la milicia de estos reinos, por el doctor (…), protomé-dico de las galeras de España de S.M., residente en su Corte. S.f., s.l, fols. 3r-5v. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115
To see the actual publication please follow the link above