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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

64 AGUSTÍN JIMÉNEZ MORENO mercedes debían entregarse antes de realizar el mérito que justificaría dicha entrega33. Desde esta perspectiva, propone que las mercedes sean utiliza-das como incentivo para asistir a la Corona, lo que acarrearía una profunda transformación de la relación existente entre el poder real y sus servidores, pues permitiría a aquellos individuos con vocación militar iniciarse en el oficio de la guerra sabiendo que desde el principio conseguirían aquello que deseaban. Se trata de una propuesta muy atrevida, que aborda este problema desde un punto de vista sumamente pragmático y consecuente con la reali-dad del momento. Si bien deduzco que no se trataría de una puerta abierta a todo aquel que deseara hacer de la profesión de las armas su modo de vida, sino que estaría limitada a una parte (casi con toda seguridad a quienes per-tenecieran a los estratos inferiores del estamento nobiliario o a los segundo-nes de las principales casas nobiliarias), ante la imposibilidad de la Corona de satisfacer todas las peticiones. Dentro de los autores que buscaban establecer unas pautas que regu-laran los mecanismos de gratificación de los servicios, si bien no con ca-rácter previo, se encontraba el sargento mayor D. Gregorio de Contreras34, quien planteó una de las soluciones más coherentes a este dilema, inspirada en las ideas expuestas a lo largo de las líneas precedentes, establecida sobre la certeza de obtener una gratificación a cambio de los servicios prestados. En este caso se trata de conceder la hidalguía a quienes desempeñaran el em-pleo de capitán y, al mismo tiempo, que ese galardón fuera suficiente para acreditar nobleza a la hora de solicitar el ingreso en las órdenes militares35. Saavedra y Fajardo, admirador de la civilización romana en cuanto al modo de premiar a los beneméritos, también se mostró partidario de impo-ner algún tipo de reglamentación en lo tocante a la concesión de los hábitos de las órdenes militares, con el objetivo de que la mayor parte de ellos se destinaran a gratificar los méritos contraídos en la guerra. A este respecto se alinea con los autores para quienes estas mercedes no son tanto una gracia 33  CARAMUEL LOBKOWITZ, Juan: Declaración mística de las armas de España. Bruselas, 1636, pp. 73-75. 34  Se trataba de un militar con 18 años de servicio a sus espaldas, que comenzó su carrera militar desde el empleo de soldado y fue ascendiendo hasta ser alférez (en dos ocasio-nes) y capitán en el tercio de Lombardía. Tras ser reformado regresó a España en 1635, donde primeramente sirvió como entretenido junto al capitán general de la artillería de España, y luego se le designó sargento mayor de la milicia del partido que integraba al priorato de San Juan, la ciudad de Alcaraz y el campo de Montiel. Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Guerra Antigua (en adelante GA), leg. 1120, n.º 15. «Memoria inclusa de los capitanes reformados que se hallan en esta Corte». S.l, s.f. (junio-julio 1635). 35  BN, Mss, 18.653, nº 39, fol. 3v-4r. «Dictamen sobre la mejora de la disciplina militar, por D. Gregorio de Contreras». Consuegra, 15-1-1639. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


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