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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA RETRIBUCIÓN DE LOS SERVICIOS MILITARES EN LA... 65 real sino un justo premio a largos años de servicio, por lo que debía estable-cerse con claridad el número de años necesarios para poder ingresar en estas milicias, de forma automática y sin necesidad de someterse al arbitrio de un tribunal que lo ratificara36. A pesar de los esfuerzos del conde duque por invertir la situación, pa-rece que sus logros fueron limitados. En este sentido, las medidas que puso en marcha para atajar este problema son deudoras de los autores que he pre-sentado a lo largo de las páginas anteriores. Me estoy refiriendo a su intento de retener a los veteranos que prestaban servicio en los ejércitos y armadas de las monarquía española, o aquellos oficiales que habían sido despojado de su mando porque su unidad había sido liquidada, parte de los cuales se encontraban inactivos, mediante la concesión de hábitos de las órdenes mi-litares a cambio de su compromiso de prestar servicio durante un número variable de años, en función de cada caso. Para tal cometido se instituyó a lo largo del año 1635 un organismo conocido como Junta del Despacho de los Soldados (que guarda muchas similitudes con lo propuesto por Pérez de Herrera), cuya función era centralizar y tramitar las peticiones de hábito de los profesionales de las armas, y que hasta el año 1641 permitió que casi 300 militares ingresaran en las órdenes militares37. Otra actuación inscrita en esa misma línea vio la luz en 1640, y con-sistió en la formación de una unidad de caballería compuesta por caballeros de hábito y comendadores, así como por los sustitutos de quienes no estuvie-ran en condiciones de combatir, conocida como el batallón de las órdenes. A este respecto, y a pesar de que la participación personal de ambos no superó el 10%, se buscó que las personas presentadas para acudir en lugar del titular del hábito y/o la encomienda, pertenecieran a los escalones inferiores del estamento privilegiado; es decir, que fueran hidalgos y a ser posible con de-seos de iniciarse en el oficio de las armas, o en su defecto oficiales reforma-dos con experiencia en el combate a caballo, a quienes se garantizó el ingre-so en estas milicias a cambio de servir dos campañas. Con ello se buscaba, entre otras medidas, reforzar el vínculo que unía a las órdenes militares con la guerra permitiendo el acceso de individuos que reunieran en sus personas las dos cualidades más apreciadas: nobleza y experiencia militar38. 36  SAAVEDRA Y FAJARDO, Diego de: Empresas políticas. Edición de DÍEZ DE RE-VENGA, Francisco Javier. Ed. Planeta. Barcelona, 1990, pp. 157-159. 1.ª edición: Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748 Munich, 1640. 37  JIMÉNEZ MORENO, Agustín «En busca de una nobleza...», op. cit., pp. 241-246. 38  JIMÉNEZ MORENO, Agustín: Nobleza, guerra y servicio a la Corona. Los caba-lleros de hábito en el siglo XVII. Universidad Complutense, Servicio de Publicacio-nes. Madrid, 2011, pp. 552-561. Edición electrónica: http://eprints.ucm.es/12051/1/ T32672.pdf.


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