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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

66 AGUSTÍN JIMÉNEZ MORENO A finales de 1641, en un ambiente de guerra total, donde cada vez era más difícil llevar a cabo reclutamientos por el método tradicional (es decir, mediante un capitán designado por el monarca que acudía al lugar asignado para levantar su unidad), debido a la gran cantidad de levas que se estaban efectuando en esos momentos para atender a los dos frentes peninsulares, y las realizadas en los años anteriores (concretamente desde los años an-teriores al estallido de la guerra con Francia), emitió su parecer sobre esta materia el licenciado José González39, uno de los más estrechos colaborado-res del conde duque. A la hora de buscar una solución a esta particularidad, en consonancia con las tesis defendidas por los arbitristas, y que fueron compartidas por Olivares, volvió sus miras hacia las mercedes de carácter honorífico como incentivo que animara a los súbditos del rey católico a servir en sus ejércitos, sin necesidad de recurrir a los alistamientos de carác-ter forzoso, buscando canalizar hacia el servicio a la Corona el irrefrenable deseo de promoción social que tenía la inmensa mayoría de la población40. No obstante, y al igual que en otros ejemplos precedentes, la solución se encontraba en el pasado. En este caso se retrotrae a tiempos medievales, cuando los monarcas ponían a disposición de quienes prestaban servicio militar premios como títulos nobiliarios (que en un principio eran recono-cimientos de carácter vitalicio y desaparecían una vez hubiera fallecido el beneficiario) o distinciones honoríficas. Respecto a los primeros, se mostró partidario de concederlos (con la condición de que no fueran heredables) a quienes, mientras continuaran activos los frentes catalán y portugués, o al menos durante cierto número de años, se comprometieran a costear un nú-mero variable de soldados. Para conseguir el objetivo pretendido, bajo nin-guna circunstancia podría sustituirse este servicio por su equivalente mone-tario. Y además, sería conveniente arrancar a los interesados un compromiso de que servirían a su costa junto con dicho contingente. Por otra parte, con 39  Este hidalgo de origen riojano desarrolló una de las carreras más fructíferas en la ad-ministración de la monarquía española ocupando, entre otros, los puestos de fiscal de la Chancillería de Valladolid (1624), fiscal de la Sala de Casa y Corte (1626), fiscal del Consejo de Castilla (1628), consejo del Consejo de Castilla (1629), presidente del Consejo de Hacienda (1647-1651) o presidente del Consejo de Indias (1660-1662). FÁYARD, Janine: «José González (1583?-1668) “créature” du comte-duc d’Olivares et conseiller de Philippe IV», en DURAND, Yves (dir): Clientèles et fidélités en Eu-rope a l’époque moderne. Presses Universitaires de France. París, 1981, pp. 351-368. ELLIOTT, John Huxtable: El Conde Duque de Olivares. El político de una época en decadencia. Ed. Crítica. Barcelona, 1990, p. 336 1.ª edición en inglés: Yale University Press, 1986. 40  AGS, GA, leg. 1378. «Papel del licenciado José González sobre el modo de facilitar las levas y que los naturales de estos Reinos sirvan voluntariamente». S.l., s.f. (sep-tiembre- octubre de 1641). Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


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