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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA RETRIBUCIÓN DE LOS SERVICIOS MILITARES EN LA... 67 la finalidad de que los aspirantes a recibir un título se animaran a llevarlo a cabo, sería acertado denegar todas aquellas peticiones que no nacieran de haber aceptado esa proposición41. Otra recompensa de la misma naturaleza consistiría en resucitar la distinción del título de vasallo del rey. Se trata de un reconocimiento dis-pensado por los monarcas castellanos hasta el reinado de Enrique IV, que confería a quien lo disfrutaba un alto grado de estimación social. Desde el punto de vista militar, lo más importante era que el beneficiario estaba obligado a prestar servicio junto con un número variable de soldados de infantería o caballería (generalmente entre dos y cuatro), que sería el equi-valente al servicio de lanzas con que servían grandes y títulos. A pesar de todo únicamente podrían acceder a este honor quienes acreditaran ser hi-dalgos notorios, y se consideraría un mérito preferente en caso de solicitar Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748 un título nobiliario42. En tercer lugar, concluyendo con los incentivos de naturaleza hono-rífica, se encuentran los hábitos de las órdenes militares, que en su opinión únicamente debían concederse a quienes sirvieran durante al menos cinco campañas43. Se trata de una disposición que, nuevamente, tenía como obje-tivo cubrir una de las principales carencias del sistema de gratificación de los servicios de la monarquía española: la ausencia de una normativa que especificara el número de años de asistencia en el ejército tras el cual, de manera cierta, se ingresaría en las órdenes militares; o dicho de otro modo: ¿cuántos años debía servir quien deseara ser honrado con un hábito? Si bien tales reflexiones ya habían sido llevadas a la práctica desde el aparato admi-nistrativo de la monarquía, pues por iniciativa de Olivares se constituyó la Junta del Despacho de los Soldados, a la que me he referido, cuya misión era gestionar las solicitudes presentadas por todos aquellos militares (en la inmensa mayoría de los casos con largos años de servicios a sus espaldas), deseosos de ser gratificados (muchos de ellos con hábitos, aunque otros con ascensos, ayudas de costa, aumentos de sueldo, o destinos más ventajosos) a cambio de permanecer en el ejército de la monarquía española durante un número de campañas comprendido entre 3 y 5. Pero al igual que otros autores, el licenciado González admitió que era imposible restringir la concesión de estas prebendas a los profesionales de la milicia, pues sectores ajenos al oficio de las armas (en concreto burócratas y «ministros de lo político») también los codiciaban, y cerrarles el acceso supondría un problema para el buen funcionamiento del engranaje adminis- 41  Ibídem. 42  Ibídem. 43  Ibídem.


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