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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 115

LA RETRIBUCIÓN DE LOS SERVICIOS MILITARES EN LA... 75 monarquía65. A pesar de este desalentador diagnóstico, considero que debe ser matizado, pues son innumerables los ejemplos en los que la respuesta inicial de la nobleza a una petición de la Corona se caracteriza por invocar unas dificultades económicas insalvables, o por solicitar unas recompensas muy por encima del servicio a realizar. Pero eso no significa que su voca-ción castrense hubiera desaparecido, sino que se trataba de una estrategia destinada a pactar con el monarca unas condiciones más favorables. De este modo, lo que en un primer momento pudiera parecer desidia o avaricia por parte de la nobleza no era más que un mecanismo de defensa ante las exigencias del poder real, buscando alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambas partes. A finales de la década de los 60 el maestre de campo Francisco Dá-vila Orejón66, en una obra que fue publicada en 1683, también defendió el carácter exclusivamente militar de hábitos y encomiendas al tiempo que la-mentaba que la mayor parte de los caballeros no estuvieran vinculados a la carrera de las armas. Pero esto no es todo ya que podía aceptar el ingreso en las órdenes militares de individuos ajenos a la profesión de Marte, siempre y cuando supusiera el comienzo de su trayectoria en ella, pero rechazaba tales supuestos si no iban acompañados de la prestación de un servicio mi-litar. Por ese motivo, y al mismo tiempo contestando a quienes defendían una política de contención en lo relativo al despacho de estas mercedes, ante el riesgo de que si se concedían demasiadas, su consideración social se devaluara, el monarca no debía tener ningún freno a la hora de gratificar a todo aquel que lo mereciera (a pesar de que no contaran con los medios económicos necesarios para costear los trámites administrativos previos). 65  «El hidalgo, para ir a servir, pide ventajas y gajes crecidos; el caballero, puesto que le viniera bien después de algunos años de guerra; y el de mayor esfera no empieza sin mercedes que fueran dignos premios de una victoria dada a V.M.». THOMPSON, Irving Anthony A.: «Milicia, sociedad y estado en la España Moderna», en: VACA LORENZO, Ángel (ed.): La guerra en la Historia. Ed. Universidad de Salamanca. Salamanca, 1999, p. 131. 66  Comenzó sus servicios en 1635 en las islas Canarias, cuando sentó plaza de soldado, para posteriormente ascender a los puestos de alférez y ayudante de sargento mayor. En 1639 levantó a su costa una compañía de infantería, y con ella pasó a los Países Bajos. En 1652 ascendió a sargento mayor y en 1656 a maestre de campo. Al año siguiente regresó a España, donde combatió en el frente portugués, siendo nombrado gobernador de Gibraltar en 1658 cargo que desempeñó hasta 1662, año en que fue de-signado gobernador y capitán general de Cuba, si bien no fue hasta 1664 cuando tomó posesión, permaneciendo allí hasta 1670. Finalmente, en 1673, se le encomendó el gobierno de la provincia de Venezuela, empleo que sirvió hasta su muerte en 1674. Ar-chivo Histórico Nacional, Estado, leg. 665/2. «Relación de los servicios del maestre de campo D. Francisco Dávila Orejón Gastón, gobernador de la ciudad de Gibraltar.» S.l., s.f. (1658). Archivo General de Indias, Indiferente, leg. 123/90. «Relación de los servi-cios del maestre de campo D. Francisco Dávila Orejón y Gastón». Madrid, 12-3-1672. Revista de Historia Militar, 115 (2014), pp. 55-88. ISSN: 0482-5748


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