Page 35

LA LEGION 531

Reportaje Central<< su auténtico bautismo de fuego durante la ocupación de las posiciones de Ait Gaba, Salah y Muñoz Crespo. En la toma de esta última posición y tras tres días de violentos combates, el 29 de junio es herido de gravedad el capitán Arredondo una vez más. Así lo describe Carlos Micó, legionario y poeta, en su libro “Los Caballeros de La Legión”: “Cuando me acerqué a él, estaba de pie y me dijo en un tono en el que no se adivinaba ni nerviosismo ni emoción: avisa que venga inmediatamente una sección de ametralladoras, porque nos están asando; tengo ya dos balazos en los muslos. Cuando acudieron los camilleros, el heroico capitán ya estaba acostado en el suelo. ¡No os acerquéis a mí, gritaba, que están tirando muy bien! ¡Me han tumbado de dos balazos más! Batid primero al enemigo, y ya vendréis luego a por mí”. Cuando horas después lo recogieron, la situación de Arredondo era muy grave, lo que le obligó a un largo peregrinaje por diversos hospita- OHVGHFDPSDxDKDVWDTXH¿QDOPHQWHUHVXOWy imprescindible evacuarlo a Madrid. De haber sido otro su carácter, ahí podría haber terminado su sufrida y brillante carrera militar, y con toda justicia nuestro héroe, en su condición de inválido, podría haber pasado a disfrutar de la desahogada situación, de la familia que anhelaba crear y de su merecido y ya inmenso prestigio. Pero no; el capitán Arredondo estaba hecho de otra madera y ni supo ni quiso eludir su sagrado compromiso con la Patria, con La Legión y con sus legionarios. Determinado a conseguir la vuelta al servicio activo por cualquier medio, Arredondo se embarcó en lo que durante los tres años siguientes sería para él un auténtico calvario. Recurrió a todo tipo de médicos, hasta gastar una buena parte de su capital; suplicó al Rey, que lo recibió en audiencia el 27 de marzo de 1923 y prometió ayudarle, y, tras una lucha titánica contra los tribunales médicos, en los que incluso se vio obligado a disimular la situación real de su pierna, $UUHGRQGRFRQVLJXLy¿QDOPHQWHVHUGDGRDSWR para el servicio, eso sí, con la ayuda de un artilugio ortopédico metálico que le acompañaría el resto de sus días. A su pueblo, Baeza, fueron llegando, para muy pocos, las noticias de la prensa y después, boca a boca los comentarios de la limpia ejecutoria de aquel héroe, primero teniente y luego capitán; tras las heridas de su primera Laureada, su presencia esporádica, siempre que se lo permitía el doloroso tratamiento al que se sometía en los hospitales de Córdoba y Madrid. Su madre, en su afán protector, le escribía animándolo a que aceptara su suerte y volviera a Baeza, a lo que él responde: “Me niego. Soy militar y ni sé ni quiero vivir de otra manera. Usted, madre, a sus rezos, que falta le han de hacer, y yo a batirme por el honor de España, que no están los tiempos para pensar en uno mismo. Así soy yo y así debe ser la madre de un legionario”. Y en otra ocasión en que su madre, doña 5RVDULRGHELyGHLQVLVWLU3DEORVHUHD¿UPDED “No sufra por mí, madre, que yo no quiero hacerle daño, pero mi honor y mi historia me llevan a seguir combatiendo por la Patria”. Vieron entonces sus paisanos a un joven inválido que se ayudaba de bastones y un rudimentario aparato ortopédico en la pierna que le había quedado inútil para poder caminar. Tres años así, y cuando todo el mundo esperaba su pase al cuerpo de mutilados, y la exhibición de su bien ganado prestigio en una Academia o un despacho, Arredondo vuelve al servicio activo y a La Legión, tenía preparadas para él otras balas en África. Sus paisanos ya no tenían que leer los periódicos ni escuchar los comentarios de éste o de aquel, podían verle cada día, sentir su voluntad indomable, observar su cuerpo tallado a bala- RV D PDUWLOODRV GH VDFUL¿FLR \ DEQHJDFLyQ una vocación castrense profunda y ejemplar. Arredondo ni quería ni sabía vivir de rentas, aunque fuesen limpia y duramente ganadas. La Legión le acoge de nuevo con los brazos abiertos, devolviéndosele el mando de su querida primera Compañía. Ni los dolores, ni las heridas, ni el hambre, ni la sed, ni las extremas condiciones de vida y combate de las que habla en sus cartas, consiguen empañar la felicidad de Arredondo al encontrarse de nuevo al frente de sus legionarios. “Después de seis días sin su- PLQLVWURDOJXQRHVFULEHDVXPDGUH¿QDOPHQWH WXYLPRVTXHVDFUL¿FDUDOFDEDOORTXHQRVFRPL 531 · II-2015 33


LA LEGION 531
To see the actual publication please follow the link above