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REVISTA DE HISTORIA NAVAL SUP 21

A las alabanzas de Charnock a los navíos españoles se sumaron Nelson y Collingwood en distintas ocasiones. Nelson comandaba el Agamemnon en Cádiz, en abril de 1793, cuando comentaba: «… the dons may make fine ships-they cannot however make men», y definía los navíos que había visto en su visita a La Carraca como «very fine ships but shockingly manned» (19). Asimismo, antes de partir para el Báltico, esperaba que, por su ausencia temporal de unos pocos meses, «I should not lose my San Josef, the finest ship in the world» (20). Collingwood, por su lado, tras el combate de Trafalgar decía del Santa Ana que era «a Spanish perfection» que se elevaba sobre el Royal Sovereign «como un castillo» (21). Encontramos nuevos y precisos datos sobre la leyenda del Princesa en otra obra inglesa, esta de 1804. Se trata de un relato de Robert Beatson que parece ser la fuente en que bebieron otros autores, a juzgar por el texto que traducimos a continuación: «El 18 de abril de 1740, los navíos de Su Majestad Lenox, Kent y Orford, mandados por los capitanes Colvill Mayne, Thomas Durell y lord Augustus Fitzroy, pertenecientes al escuadrón del almitrante Balchen, mientras cruzaban a unas cuarenta leguas al oeste del cabo Finisterre, se encontraron con el Princessa, un navío de guerra español con portas para setenta y cuatro cañones, pero que solo tenía sesenta y cuatro montados, y con seiscientos cincuenta hombres a bordo, mandado por don Pablo Augustino de Gera (sic). Nuestros barcos lo persiguieron inmediatamente y alcanzaron al enemigo cerca de mediodía, cuando comenzó la acción, que continuó con gran fuerza hasta las cinco y cuarto de la tarde; entonces, el Princessa, tras perder sus masteleros de gavia, de velacho y de mesana, y estando además muy dañado, arrió la bandera. El enemigo tuvo treinta y cinco muertos y unos cien heridos. Era mayor que cualquiera de los nuestros de primera clase; sus cañones tenían un tamaño poco común; y la mayoría de ellos eran de bronce. Fue estimado el mejor navío de la Real Armada de España; era más alto que cualquiera de los navíos que lo atacaron; y podía utilizar sus portas bajas cuando estos no se atrevían a abrir las suyas —los navíos navíos ingleses sufrieron la mayor parte de los daños en los cascos y el aparejo—. El Orford y el Kent tuvieron cada uno ocho muertos, y el Lenox uno; y los heridos en los tres barcos sumaron cuarenta: entre estos estaba el capitán Durell del Kent, que perdió una mano. El Princessa fue comprado por el Gobierno y añadido a la marina británica» (22). (19) COLEMAN, p. 106. (20) HARBRON, p. 154. (21) wARNER, p. 193. (22) BEATSON, p. 73. AñO 2015, SUPLEMENTO N.º 21 A LA REVISTA DE HISTORIA NAVAL. Núm. 128 13


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