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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

TRES LECTURAS DE EL QUIJOTE 135 Y cuando, después de tanta conducta ejemplar, cae junto a su rucio en una profunda sima de la que no ve posibilidad de salir, exclama: ¡Desdichado de mí, y en que han parado mis locuras y fantasías! De aquí sacarán mis huesos cuando el cielo sea servido que me descubran, mondos, blancos y raídos, y los de mi buen rucio con ellos, por donde quizás se echará de ver quien somos, a lo menos de quienes tuvieren noticia que nunca Sancho Panza se apartó de su asno, ni su asno de Sancho Panza. Otra vez digo: ¡miserables de nosotros, que no ha querido nuestra corta suerte que muriésemos en nuestra patria y entre los nuestros, donde ya que no hallara remedio nuestra desgracia, no faltara quien dello se doliera y en la última hora de nuestro pasamiento nos cerrara los ojos! ¡Oh compañero y amigo mío, qué mal pago te he dado de tus buenos servicios! Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados. II.55. Valor: Prestigio Moral (PM). Y cuando regresando finalmente a su “lugar” contempla de nuevo su pueblo desde lo alto de una cuesta, exclama: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a tí Sancho Panza tu hijo…., pero no deja por ello de pensar en su amo añadiendo a continuación: recibe también a tu hijo don Quijote, que, si viene vencido de los brazos ajenos, viene vence-dor de sí mismo, que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede, demostrando una vez más su amor y fidelidad a don Quijote y su actitud moral al asumir con tanta naturalidad pensamiento tan profundo. Y finalmente ante el lecho de muerte de don Quijote, después de haberle oído que le dejaba una parte de su heredad: ...tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo ves-tidos de pastores, como tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar ¡Ay! ─respondió Sancho, llorando─: no se muera vuestra merced, señor mío, sino e verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana. Parte II, último cap. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 103-138. ISSN: 0482-5748


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