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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

146 CARLOS BELLOSO MARTÍN decir, combatir en el mar y en tierra18 que era la práctica habitual, y lógica, para los tercios de los ejércitos, tanto en el Mediterráneo, como en norte de Europa. El soldado estará así vinculado a su compañía y a su tercio, pero no a una galera determinada. La guarnición de soldados no pertenece a la galera, sino que le es asignada a ésta, bajo el mando de su propio capitán. Los tercios de infantería española de Nápoles y de Sicilia suministraban soldados a las armadas y escuadras de galeras, aunque si hubo unidades especiales de infantería para el servicio exclusivo de los barcos, como era el Tercio de Infantería de las Armadas y Flotas de Indias, un tercio que era por completo independiente del ejército de tierra. En cambio, los soldados de las escuadras de galeras, como era la de Sicilia, pertenecían en su totalidad a los tercios de infantería ordinarios que había en cada reino. En las Ordenanzas que señalan las competencias del capitán general de las galeras, dadas por Felipe II a Juan de Cardona como Capitán General en 156819, se contienen las normas básicas de cómo debía vivir a bordo la infantería que se embarcaba para luchar en los combates navales, así como las tácticas y los procedimientos que debía seguir la infantería durante las batallas en el mar. En estas órdenes se detalla, por ejemplo, que el capitán de infantería debía estar acomodado en la cámara de popa, junto con el capitán de la nao, mientras que el alférez, sargento y los demás oficiales se debían acomodar debajo del puente, donde debía estar la infantería alojada donde mejor les pareciese. Así, estando los oficiales juntos con ellos, su presencia evitaría las peleas y desórdenes que solían ocurrir entre los soldados. Tam-bién se señalaba que ningún soldado, marinero u oficial se pudiese pasar de una compañía a otra, ni de un navío a otro sin licencia. Autores como Bernardino de Mendoza o Marcos de Isaba consideran el combate embarcado como una parte del combate del ejército, un caso espe-cial del combate se diría. Por ejemplo Marcos de Isaba en su “Cuerpo enfermo de la milicia espa-ñola”, criticando la molicie de los capitanes les censura su actitud descuida-da, diciendo: 18  Sobre la Instrucción de 1564 y la infantería embarcada, ver: OLESA MUÑIDO, F.F.: “La organización naval de los estados Mediterráneos…, pp. 800-803; “La marina en el siglo XVI…”, pág. 239. Cfr. También: ALCALÁ GALIANO, P.: Servicios militares y cautive-rio de Cervantes. Madrid, 1905, 47 pp., en “Revista General de Marina”. Tomo LVI, nº.6. B.N.E., pp. 10-11. “En 1621 dejó de facilitar la Infantería del Ejército (de los tercios) solda-dos para las galeras, creándose compañías especiales para este servicio… En consecuencia, los soldados, sargentos y oficiales de las galeras posteriores al año 1621, son los que con propiedad deben denominarse de marina”. Aunque, nunca se les llamó de Marina, sino de Infantería Española. 19  “Instrucción dada al capitán general de las galeras de Sicilia, Juan de Cardona”. 29 de febrero de 1568. AGS, Estado, leg. 1.132, doc.106. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 139-154. ISSN: 0482-5748


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