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148 CARLOS BELLOSO MARTÍN en los Ejércitos. Estas declaraciones las hace el Monarca pocos años después de la crítica experiencia del socorro de Malta de 1565, una ayuda de galeras e infantería embarcada en ella que llegó cuatro meses más tarde desde que se decidió enviarla. Este suceso constituyó un factor decisivo para que Felipe II reconociese que era necesario organizar fuerzas disponibles y capaces de combatir a bordo y en tierra. Ante la urgencia de atender las emergencias béli-cas que surgían –como fue el caso de Flandes o de Malta–, no se podía perder en ese momento tanto tiempo en empezar a reunir una fuerza para emplearla, a veces, en unas condiciones de ambiente y combate que no eran las suyas habituales. El combate embarcado o en tierra, en la costa o en el interior, era lo habitual para los Tercios de Infantería de la época, aunque hubiese sido mejor poder tener especialistas dedicados únicamente al combate sobre barcos. Coincidiendo con este planteamiento, el Príncipe Juan Andrea Doria en 1588, refiriéndose a la precaria situación de la Armada que la Monarquía man-tenía en Italia, afirma que todos sus problemas se remediarían «si la Armada tuviese un tercio propio». Bernardino de Mendoza coincide en su libro en este extremo, porque aunque no fuese bastante para toda la flota, lo sería para una parte de galeras, que podrían salir en busca de bajeles22. También propone remediar la falta de esclavos haciendo alguna cabalgada en tierras de moros. Es necesario, por tanto, revisar algunas de las interpretaciones que hasta ahora ha mantenido y repetido la historiografía tradicional sobre este tema, amparadas en los conocimientos históricos que se tenían a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. No parece correcto afirmar que en 1571 se crease el tercio de galeras de Sicilia, sino que con motivo de la prepara-ción de la campaña militar que tuvo lugar el verano de 1571, cuyo máximo exponente fue la batalla de Lepanto, se hicieron levas extraordinarias de infantería que se embarcará en la Armada, y que seguirán vinculadas orgá-nicamente a sus unidades de infantería. Por tanto, algunas de las campañas más importantes en las que sirvió la infantería embarcada en Sicilia, además de Lepanto, fueron las emprendidas por don Juan de Austria entre 1571-73, en las que atacaron Argel, Navarino, Modon (en el Peloponeso) en el verano de 1572 con la ayuda de la Liga, y se consiguió recuperar Túnez en 1573, aunque fue tan solo por un año, pues en 1574 los turcos recuperaron La Goleta y Túnez23. En casi todas estas acciones estuvo embarcado Miguel de Cervantes, como soldado de infantería de tercio. 22  El príncipe Juan Andrea Doria a Su Mad., en Mesina, a 16 de julio de 1588. A.G.S., E., leg. 1.156, doc. 67. 23  Sobre la infantería embarcada y desembarcada en Sicilia en los años 1571-1573, tras la victo-ria de Lepanto, para preparar nuevas campañas en el Mediterráneo, ver: GARCÍA HERNÁN, D.; GARCÍA HERNÁN, E.: Lepanto, el día después..., pp. 81-103. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 139-154. ISSN: 0482-5748


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