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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

SOBRE EL PRÓLOGO DE LA SEGUNDA PARTE DE EL QUIJOTE 25 así menudeaban los libros nuevos y viejos, que era una maravilla. A uno de ellos, nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo, que le sacaron las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: “Mirad que libro es ése”. Y el diablo le respondió: “Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas”. “Quitádmelo de ahí –respondió el otro diablo—y metedle en los abismos del infierno, no le vean más mis ojos.” “¿Tan malo es?”, respondió el otro. “Tan malo –replicó el primero-, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara”. El segundo relato, de origen popular, tiene una interpretación menos clara dentro del prólogo cervantino31. Dice así: “Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, éste, que también es de loco y de perro: Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer en-cima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase32 el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía: —Perro ladrón, ¿a mi podenco33? ¿No viste, cruel, que era podenco Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 13-36. ISSN: 0482-5748 mi perro? Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña34. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra, decía: —Éste es podenco: ¡guarda35! 31  RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco, Apendices (XXIII), en Cervantes, Quijote,Madrid, Atlas, tomo IX, 1949, págs.296-299. 32  Amohinábase: molestábase, enfadábase. 33  podenco: perro muy apreciado por sus dotes como cazador. 34  hecho una alheña: hecho polvo, molido. 35  guarda: atención, cuidado.


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