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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

SENTIMIENTO DE ESPAÑA Y LO ESPAÑOL EN LA SEGUNDA PARTE... 65 Y por si esto no bastara, dos de los más bellos elogios de la ciudad de Barcelona, salen de la pluma de Cervantes; el primero, que no es poco decir en la España de entonces: «Aquí se imprimen libros» como reza un cartel que ve Don Quijote cuando entra en la ciudad, la ciudad culta por antonoma-sia y en la que vuelca sus simpatías: «Me pasé de claro a Barcelona, archivo de cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza única» (II, 72). El segundo tiene lugar en Las dos doncellas, cuando Teodosia y Rafael llegan a Barcelona: «Admiróles el hermoso sitio de la ciudad y estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y es-panto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande y famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y cuidado deseo». A Cervantes, en los últimos años de vida, no se le podía escapar la situa-ción de España. Le duele España porque es consciente de la crisis de valores de la sociedad que vive a puente de los dos Felipes; no en vano, casi al comenzar la segunda parte de El Quijote, el cura, el barbero y Don Quijote conversan sobre ello: En el discurso de su plática vinieron a tratar de esto que llaman razón de Estado y modos de Gobierno, enmendando este abuso y condenando aquel, reformando una costumbre y desterrando otra, haciéndose cada uno de los tres un nuevo legislador, un Licurgo moderno o un Solón flamante, y de tal manera renovaron la república que no pareció sino que la habían puesto en una fragua y sacado otra de la que pusieron (II, 1) Los tres personajes tratan de arreglar el mundo cuando era inminente el peligro turco que se cernía sobre la Cristiandad, sin saber «adónde había de descargar tan gran nublado», por lo que «Su Majestad había hecho proveer las costas de Nápoles y Sicilia y la isla de Malta». A don Quijote esta me-dida previsora no le parece suficiente, de ahí que proponga como solución «mandar Su Majestad por público pregón que se junten en la corte… todos los caballeros andantes que vagan por España… que bastase a destruir toda la potestad del Turco». Es responsabilidad del súbdito leal decir la verdad, como hace Don Qui-jote en el capítulo siguiente (II, 2), a modo de conclusión de la plática: Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 57-84. ISSN: 0482-5748


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