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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

74 SANTIAGO LÓPEZ MOREDA todos se casan, todos multiplican, porque el vivir sobriamente aumenta las causas de la generación. No los consume la guerra ...; róbannos a pie quedo y con los frutos de nuestras heredades, que nos revenden, se hacen ricos .... No gastan con sus hijos en los estudios, porque su ciencia no es otra que la del robarnos .... España cría y tiene en su seno tantas víboras como moriscos… En el Persiles (III, 11), probablemente la obra más cristiana de Cervan-tes cuyo desenlace feliz acaece en Roma, los moriscos son como serpientes que roen las entrañas del reino: «No los esquilman las religiones, no los entresacan las Indias, no los quitan las guerras; todos se casan; todos o los más engendran, de do se sigue y se infiere que su multiplicación y aumento ha de ser innumerable». La España cristiana subyace en otras novelas ejemplares, como Las dos doncellas, porque el peregrinaje de Teodosia y Rafael es precisamente a dos lugares de culto, Montserrat y Santiago de Compostela, «haciendo lo que buenos y católicos cristianos debían». Religioso es también el trasfondo de La fuerza de la sangre porque, cuando Leocadia es violada, le arrebata al violador un crucifijo al que reza a diario y que, a la postre, servirá de anagnórisis para descubrir al violador (Rodolfo) y casarse con él. Es la redención de la honra en el plano moral y social, pero más aún, la recompensa de una vida cristiana. Cuando Navarro Ledesma afirma que «El estado del alma de Cervantes era el de la nación»25 sencillamente nos está sugiriendo la conciencia del fra-casado proyecto providencialista tras la derrota de la Invencible y el saqueo de Cádiz por las tropas inglesas en 1596. Es cierto que la Iglesia incrementó su poder, Felipe II fue responsable del ensoberbecimiento del tribunal de la Inquisición hasta límites increíbles, un monstruo que se había hecho temible no solo a los herejes, sino a ciudadanos siempre bajo sospecha; se entrome-tía en exceso en la vida privada, como los clérigos que controlan la vida de Alonso Quijano y los que, con la excusa de la ortodoxia cristiana amparan dicho poder, como acepta de manera resignada Ricote, no sin ironía: No hay que esperar en favores ni en dádivas; porque con el gran don Bernardino de Velasco, conde Salazar, a quien dio Su Majestad car-go de nuestra expulsión, no valen ruegos, no promesas, no dádivas, no lástimas; porque aunque es verdad que él mezcla la misericordia con la justicia, como él vee que todo el cuerpo de nuestra nación está contami- 25  NAVARRO LEDESMA: El ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra. Madrid, Imprenta Alemana, 1905, pág. 180. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 57-84. ISSN: 0482-5748


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