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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

90 FRANCISCO RAMOS OLIVER hombre virtuoso es el que practica libremente el bien y, en este sentido, don Quijote cree haber conseguido la virtud con las armas, es decir, desde que se ha entregado al servicio de las armas, cuando dice que “de mi sé decir que después que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien-criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos.” (L, I). Don Quijote considera que está en pose-sión de las virtudes, que ha alcanzado la excelencia, lo que lo convierte en un héroe ético cuya función es “favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos” (XVIII, I). Los hechos de armas de los caballeros andantes suponen la negación del concepto militar de operación, a la que se opone diametralmente el concepto de aventura singular, que es el que rige sus acciones: “Buscando las aventu-ras de noche y de día, en invierno y en verano, a pie y a caballo (…) sujetos a todas las inclemencias del cielo y a todas las incomodidades de la tierra.” (XVII, I). Por eso, en el episodio de los rebaños de carneros y ovejas, don Quijote describe individualidades, no unidades, y cuando entra en combate lo hace como individuo que busca el enfrentamiento singular, desaparecien-do de la escena el resto de los combatientes (XVIII, I). Don Quijote no ve con la razón, no se guía por los hechos, no ve realidades sensibles, solo inteligibles “viendo en su imaginación lo que no veía ni había” (CXVIII, I) y quizás por eso se declara en contra de la artillería, creación científica y técnica, producto de la racionalidad, símbolo de fuerza y poder, que tan pre-sente está en el pensamiento, la literatura y el arte del Renacimiento: “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica inven-ción, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos. Y así, consi-derando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque aunque a mi ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra.” (XXXVIII, I). Don Quijote es consciente en sus palabras del desajuste entre su pro-fesión y el tiempo en el que vive. El combate caballeresco, arte en el que Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 85-102. ISSN: 0482-5748


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