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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

96 FRANCISCO RAMOS OLIVER Termina aquí la rápida lectura que desde un punto de vista militar hemos realizado de la primera parte de “El Quijote”, en la que Cervantes nos mues-tra el gran conocimiento y elevado concepto que tenía de la milicia, de sus principios, virtudes y valores vigentes en la actualidad. En la segunda parte, cuyo análisis ahora comenzamos, insistirá y desarrollará los conceptos ver-tidos en la primera, En el capítulo XXIV de la segunda parte, será el propio D. Quijote el que a un joven que va a alistarse como soldado en unas compañías de infan-tería que van a embarcar en Cartagena “y que más quiere tener por amo y por señor al rey, y servirle en la guerra, que no a un pelón en la corte”, le da toda una lección de moral militar al decirle: “… más bien parece el soldado muerto en la batalla que vivo y salvo en la huida; y tanto alcanza de fama el buen soldado cuanto tiene de obediencia a sus capitanes y a los que mandar le pueden”. Esta última frase es quizás la única referencia directa en la obra a la obediencia militar como manifestación individual de la disciplina, vir-tud fundamental del militar que garantiza la rectitud de conducta y asegura el cumplimiento riguroso del deber. Para Cervantes el buen soldado alcanza la fama en la disciplina, no en la aventura caballeresca. Son estos párrafos algunas de las contadas ocasiones en las que don Quijote hace alusión al orden jerárquico militar, que solo tiene sentido dentro de la estructura orgá-nica del ejército a la que, por otra parte, en ningún momento hace referencia. Y el orgullo de ser militar tiene su reflejo cuando Roque Guinart, jefe de partida de bandoleros, preguntó a los caballeros que acababa de asaltar qué quienes eran y a donde iban. Uno de ellos le respondió: “Señor, nosotros somos dos capitanes de infantería española; tenemos nuestras compañías en Nápoles y vamos a embarcarnos (…); llevamos hasta doscientos o tres-cientos escudos, con que, a nuestro parecer, vamos ricos y contentos, pues la estrechez ordinaria de los soldados no permite mayores tesoros” (LX, II). Todo un canto a la vocación militar. Veamos como las Reales Ordenanzas ponen de manifiesto la vigencia de estos valores en la actualidad: “Para vivir la profesión militar se requiere una acendrada vocación, que se desarrollará con los hábitos de disciplina y abnegación hasta alcanzar el alto grado de entrega a la carrera de las armas que la propia vocación demanda.”; “ha de ser abnegado y austero para afrontar la dureza de la vida militar.” (Reales Ordenanzas, 1978, 25 y31). Es en la aventura del rebuzno, encontrándose por las riberas del Ebro rodeado por una muchedumbre armada, el momento en el que don Quijote explica y justifica su profesión realizando una consideración sobre lo que hoy conocemos como ayuda humanitaria, la guerra justa - de carácter emi- Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 85-102. ISSN: 0482-5748


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