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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

98 FRANCISCO RAMOS OLIVER La ley natural, la recta razón, guía las acciones de los soldados en el cumplimiento de sus misiones; en las de D. Quijote se suma la divina. Am-bas contemplan los mismos conceptos y principios y su aplicación da resul-tados similares en uno y otro caso. Inmediatamente después del valor y la generosidad que veíamos más arriba, están la dignidad y la humanidad, tan interrelacionadas que una es el límite de la otra. La dignidad humana se afirma en la suprema libertad y libre albedrío del hombre, abierto a lo posible; la humanidad acepta por su parte la carnalidad humana, sus limitaciones, la presencia del fracaso. La dignidad y la humanidad se funden en la solidaridad - ejercicio de comunicación de los bienes espirituales, más que de los materiales - que es en lo social lo que el valor y la generosidad son en lo individual y la más alta dignidad ética a que puede aspirarse comunitariamente. (Savater, 2005, 76). La solidaridad es la que anima a los soldados a entregarse, hasta perder la vida en ocasiones, a la tarea de hacer posible que otros alcancen lo que es suyo, que disfruten de todos y cada uno de sus derechos como personas, que estén abiertos a la posibilidad de realizarse plenamente según su específico proyecto vital. Para D. Quijote, un buen soldado debe estar dispuesto a perder la vida, si preciso fuere, no para alcanzar la fama del caballero andante, sino para alcanzar solidaria y disciplinadamente el más preciado bien colectivo y so-cial: la paz. Dicen las Ordenanzas: “(El militar) ajustará su conducta al respeto de las personas, al bien común y al derecho internacional aplicable a los con-flictos armados. La dignidad y los derechos inviolables de la persona son valores que tiene obligación de respetar (…). En ningún caso los militares (…) someterán a otros a medidas que supongan menoscabo de la digni-dad personal” (Reales Ordenanzas, 2009, 11) y el Catecismo de la Iglesia Católica “los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y la libertad de los pueblos. Si realizan correcta-mente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz.” D. Quijote aboga por una sociedad ideal, fraternal, igualitaria y placen-tera, en la que no exista la propiedad privada ni necesidad de trabajar y en la que, como consecuencia, no sean necesarios los ejércitos: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados (…) porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos pa-labras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano (…) Todo era paz entonces, todo amistad, todo Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 85-102. ISSN: 0482-5748


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