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RHM EXTRA ANIVERSARIO 2ª PARTE QUIJOTE

EL SERVICIO DE LAS ARMAS EN EL QUIJOTE 99 concordia (…) No había la fraude, el engaño ni la malicia (…) La justicia se estaba en sus propios términos (…) entonces no había que juzgar, ni quien fuese juzgado (…). Y agora, en estos detestables siglos (…) se instituyó la orden de los caballeros andantes (XI, I). Formula la finalidad última a alcanzar con sus hazañas “yo nací en esta edad de hierro para resucitar en ella la dorada, o de oro.” (XX, I). Es decir, una vez alcanzada la virtud - la perfección –como persona, reformar la sociedad. Don Quijote actúa con arreglo a un plan caballeresco, según una intención que podríamos llamar ideológica según la cual el caballero, una vez cobrada fama, “pelea en la guerra, vence al enemigo del rey, gana muchas ciudades, triunfa de muchas batallas”, pasos por los que “suben y han subido los caballeros andantes a ser reyes y emperadores (…) lo que su brazo tiene bien merecido.” (XXI, I). Su objetivo es llegar, mediante el ejercicio de la milicia, a gobernar un reino sustentado en los ideales caballerescos. En el capítulo primero de la segunda parte reitera la formulación de la finalidad última de sus hazañas, su propósito de restaurar la vieja caballería, de volver a aquellos tiempos en los que los “andantes caballeros tomaron a su cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reinos”, y estable-cer, mediante ella, un reinado de justicia universal en el que se ampare a las doncellas, se socorra a los huérfanos, se castigue a los soberbios y se premie a los humildes. Unos párrafos antes, D. Quijote ha propuesto al rey Felipe III una solu-ción ideal para España frente a la amenazante presencia de los turcos en el Mediterráneo. No concibe el alistamiento de una flota y un ejército al mando de un general e integrados por marinos y soldados, antes bien imagina un conjunto de caballeros andantes dotado cada uno de ellos de tal fuerza que bastaría para deshacer un ejército. Cuando don Quijote hace la propuesta al rey ya han muerto D. Juan de Austria, por el que Cervantes sentía sincera admiración, D. Álvaro de Bazán y el Duque de Alba, se ha perdido la Gran Armada y los ingleses y holandeses amenazan los puertos de la Península, y en su desvarío también es consciente de que ya no viven ni don Belianis ni personaje alguno del linaje de Amadís de Gaula, “pero Dios mirará por su pueblo, y deparará alguno que, si no tan bravo como los pasados andantes caballeros, a lo menos no les será inferior en el ánimo; y Dios me entiende, y no digo más.” En ese juego de realidad y fantasía, de vida y literatura, don Quijote fía en que Dios elegirá un paladín que se asemeje, puesto que igua-larlos es difícil, a los legendarios caballeros andantes, y ese paladín no es otro que el propio D. Quijote, que se postula con ese “Y Dios me entiende”, es decir, “Dios sabe de quién hablo”. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2015, pp. 85-102. ISSN: 0482-5748


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