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BIP 53 Submarina, en la que se perdieron la mayor parte de sus unidades; toda las series A, B y gran parte de las C, quedando solo al terminar la Guerra los C-2 y C 4 y los D-1 y D-2 de reciente construcción. Se incorporaron dos submarinos de origen italiano, el General Sanjurjo, el General Mola y el submarino de origen alemán el G-7. Al incorporarme yo al Arma submarina existían: el General Sanjurjo, el General Mola, el G-7, el D-1, el D-2 y el D-3 que estaba en construcción en Cartagena. Tras la 2.ª Guerra Mundial el submarino se había desarrollado y había adquirido como arma un gran prestigio gracias a su espectacular empleo por parte de Alemania, que estuvo a punto de vencer a la Marina Británica con su presión en la mar al tráfico mercante aliado, situación superada gracias a la masiva construcción mercante aportada por los EEUU, con lo que consiguieron superar las pérdidas y, de este modo, lograr el reabastecimiento aliado europeo… Debo reconocer que no soy un submarinista al uso; es decir, de una gran vocación inicial, sino que entré en el Arma Submarina huyendo de los destructores en donde a los alféreces de navío sin especialidad, como era mi caso, no se les daba un destino de armas o de derrota, reservados a los tenientes de navío. Formábamos la dotación de un cañón, pero el destino principal era el de oficial de sección del buque, cuya responsabilidad diaria más importante era la limpieza (el destructor estaba dividido en tres secciones, que las llegábamos a considerar como nuestra propia casa). Recuerdo que llegué a comprar una escalera, que pasaría a mi casa cuando me casé, cuyo uso era compartido por todos los involucrados con las limpiezas de las secciones del buque. Yo también era el Segundo Director de Tiro y, en una ocasión, mientras estaba trabajando en el cajón calculador, se presentó el Segundo Comandante (un gran capitán de corbeta), quien muy secamente me preguntó qué hacía yo allí, contestándole que estaba tratando de arreglarlo, y me especificó que mi destino era la limpieza de la segunda sección… En ese preciso momento decidí hacerme submarinista, para dejar de ser “oficial lampazo” y abandonar el puesto de las limpiezas. En efecto, en los submarinos no existía esta figura, y los destinos de los Alféreces de Navío eran completamente operativos, como el de oficial de derrota, oficial de torpedos, oficial de comunicaciones u oficial de electricidad. AÑOS 50 En enero de 1952 inicié el Curso de Aptitud de Submarinos, efectuando la inmersión de 24 horas, que es la prueba inicial para comprobar que no se experimenta claustrofobia (la verdad es que nunca vi a nadie que la tuviese). La prueba se solía hacer con el submarino posado en el fondo en la bahía de Mazarrón y toda la dotación descansando. Por aquel entonces los buques de superficie navegaban poco, debido a las carencias de combustible. Durante mi primer año de oficial a bordo del destructor Ulloa solo hice 14 días de mar, y se recurría a emplear métodos sencillos que, en cierto modo, contribuían a paliar la falta de ejercicios reales. Así, por ejemplo, los ejercicios de evoluciones de buques se sustituían por salidas del puerto con botes cuyas distancias eran la décima parte de la indicada para los buques; así pues, una formación de solo treinta metros en línea de fila formada por cuatro botes, representaba a cuatro destructores a trescientos metros de intervalo. Cada bote izaba las señales visuales en un palo, y de este modo se practicaba las evoluciones por giros simultáneos, por contramarcha o por conversión, y cambios de formación, todo ello con el consiguiente ahorro de combustible. De Submarinos Serie A Submarinos Serie B Submarinos Serie C


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