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lo que tuvimos que preguntárselo después de haber puesto en marcha toda la parafernalia sanitaria. Afortunadamente no había sido operado de apendicitis y nuestra decisión había sido la correcta. Hay que imaginarse la cara de admiración del Alférez de Navío visitante ante todo lo que habíamos hecho ese día, con un final tan exitoso, y que terminaba con el diagnóstico acertado de la apendicitis del Cabo. Al llegar a Mahón estaba la ambulancia esperando en el muelle y fue operado sin novedad. Al regreso de Mahón desembarqué para el Juan Sebastián de Elcano, donde permanecí hasta 1956, año en que efectué el curso para la obtención de al especialidad en Electricidad y Transmisiones. Al terminar volví de nuevo destinado al G-7 y permanecí nuevamente destacado en Mahón, efectuando ejercicios tácticos con las destructores destinados en Cartagena y con los submarinos de la flotilla D-2 y General Mola. En noviembre comenzaron en Cartagena los ejercicios antisubmarinos, contando por primera vez con los nuevos equipos Sonar de los destructores de procedencia norteamericana, Lepanto y Almirante Ferrándiz. Estos ejercicios tuvieron un periodo transitorio, en el que los destructores atacaban a los submarinos que no disponían de medios de comunicación cuando estaban en inmersión, por lo que durante este periodo los submarinos actuaban sólo de blanco; es decir, que se operaba siempre en beneficio de la fuerza de superficie, compuesta por los destructores de la 21ª Escuadrilla procedentes de los EEUU, conocidos como Los Cinco Latinos. Hay que señalar que estábamos por entonces en plena guerra fría, en la que las marinas occidentales eran fundamentalmente antisubmarinas, dada las poderosas fuerzas submarinas de la URSS. Con los buques atacantes de superficie, para poder realizar los ataques se empleaban dos submarinos, uno denominado la «oveja» y el otro en superficie denominado «pastor», que actuaba de relé de comunicaciones entre la oveja y el destructor atacante. Pronto se eliminó al submarino pastor, siendo sustituido por una boya remolcada por el submarino oveja y dotada por una antena trasmisora (como enlace entre con el destructor atacante) y unos cohetes que se activaban como señales de emergencia. Este sistema «Made in Spain» era necesario para poder operar en condiciones de seguridad, toda vez que en la última fase del ataque el destructor tenía que pasar por la vertical del submarino. Todo esto se organizó y se gestó en el G-7, cuyo Comandante proyectó la boya así como la instalación de cohetes que se activaban desde el submarino que ya no le llamamos oveja, nombre que nos repugnaba a los submarinistas que tradicionalmente nos considerábamos lobos. En cuanto al cálculo de la antena, fue proyecto mío (ya que contaba con la especialidad de Comunicaciones). Para conseguir el tipo adecuado de cohetes, que se activaban provocando un cortocircuito alrededor de una bobina eléctrica que lo abrazaba, el Comandante se fue a un pueblecito en las inmediaciones de Cartagena (Alumbres), donde vivía un viejo «cohetero», de los que en las ferias de los pueblos provocaban fuegos artificiales quien, en sus conversaciones con el Comandante del G-7, el CC. Moreno Aznar, le manifestó extrañado que los americanos también empleaban cohetes (era la época de su llegada a la Luna) y muy despectivamente le dijo con aire de superioridad: ¡qué sabrán ellos! En cuanto a la antena, ya que fue proyecto mío, traté de investigar el riesgo que entrañaba el último paso de potencia del transmisor a bordo del submarino. Los servicios técnicos del Arsenal me informaron que podía producirse una onda estacionaria de elevado potencial alrededor de las válvulas de potencia (entonces montadas en lo que se conocía como «Push- Pull». Todo este invento trascendía dentro de los oficiales de la Flotilla, hasta el extremo que el jefe de la Flotilla me llamó para que le informase de cuánto costaría la posible avería, que yo valoré en 8000 pesetas, con lo que contamos con su autorización. Las pruebas de comunicaciones se hicieron largando la boya en inmersión dentro de la dársena del Arsenal de Cartagena, enlazando con uno de los submarinos que permanecía en superficie. A partir de entonces quedaba eliminado el submarino pastor y así, durante los ataques, sólo intervenían el destructor atacante, el submarino blanco remolcando a la boya con la antena y el cohete. Todo esto fue el sistema de ataque hasta la llegada de los destructores americanos que montaban equipos de transmisión submarina junto a los sonares, quedando eliminada la boya remolcada con su antena y su cohete .Esta historieta pone de manifiesto el espíritu submarinista, que con esfuerzo e imaginación fue capaz de superar nuestra pobreza de medios”. AÑOS 60 En 1959 se incorporó a la Armada procedente de los EEUU el S-31, Almirante García de los Reyes, veterano de la II Guerra Mundial con el nombre de Kracken de la Clase Balao, que durante bastantes años fue el conocido como “treinta y único” por sus dotaciones en referencia a su numeral, debido al hecho de que fue el único submarino con operatividad real hasta la incorporación de los 4 hermanos de serie, los S32( Isaac Peral), S33( (Narciso Monturiol) S34 (Cosme García) y S35 nuevamente Narciso Monturiol, que se adquirieron en Estados Unidos entre 1971 y 1974. Estos cuatro submarinos eran similares al S-31 originalmente, y por consiguiente construidos durante la Segunda Guerra Mundial, si bien a finales de la década de los cincuenta habían sufrido una extensa modernización bajo el programa GUPPY (Greater Underwater Propulsion Plant), dotándoles de nuevos sensores acústicos, electrónicos y armas. Compartieron base con el gastado S-01 (antiguo G-7), y los obsoletos S-11, S-21 y S-22 (correspondientes a los antiguos submarinos modernizados D1, D2, D3, durante años). EL S-31 desplazaba 1.526 toneladas estándar, y tení a una eslora de 95 metros. Para ser un submarino convencional, era realmente grande. Propulsado por 4 motores diesel General Motors de 1.600 C.V., tení a una cota máxima operativa de 120 metros, e iba dotado de 10 tubos lanzatorpedos, 6 a proa y 4 a popa. Fue el primer submarino español equipado con snorkel. En 1963, tras haber estado destinado en la plana mayor de la Flotilla de 56 BIP


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