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Tramontana (S-74), ultimo de esta clase. Coincidiendo con la entrega en servicio de los Agosta fueron dados de baja todos los submarinos de procedencia americanas, siendo el último en desaparecer de las listas de la Armada el S-35, en diciembre de 1984. Durante la participación en la II Semana Naval de Santander tuve una emergencia porque en una de las salidas, por fuera de mi atraque estaba fondeado el Azor con el Generalísimo y el Ministro de Marina a bordo, y al maniobrar para salir me encontré que no tenía fondo suficiente, por lo que desde la torreta se veía salir el fango a la superficie, quedando semi varado y abatiendo sobre el Azor. Entonces le dije al Segundo Comandante temiéndome lo peor: ¡mira por donde, me parece que ya no hago el Curso de Guerra! Pasamos abatiendo por el viento a menos de un metro del barco y, ante un posible abordaje, lo único que pasó por mi imaginación fue el echarme al agua y nadar hacia un barco extranjero para pedir asilo político; y el Segundo, que también vio la escena complicada, me comentó que se imaginó cayendo del golpetazo en el camarote donde se encontraba la esposa del Jefe del Estado. Afortunadamente no pasó nada y el hecho pasó inadvertido, ya que eran las 7`00hs. de la mañana. Al día siguiente se efectuó la Revista Naval ante SE el Jefe de Estado, que consistió en hacer inmersión por la proa de los buques de superficie, pasar por debajo de la formación circular y salir a superficie en el centro del dispositivo entre el Canarias y el Dédalo, que llevaban gran cantidad de invitados y periodistas a bordo. La maniobra tenía cierto riesgo, por lo que el Almirante de la Flota me sugirió que en el caso de que me pareciese muy arriesgada no la hiciese. La dificultad estaba en que se disponía de escasos minutos para atravesar por debajo de los escoltas avanzados, seguir atravesando la línea de los escoltas de protección inmediata del Canarias y del Dédalo y, finalmente, salir rápidamente a superficie entre esos dos buques, con el riesgo de abordaje con los escoltas popeles de la formación circular. Como anécdota contaré que se me paró el cronómetro de control del tiempo y, ante mi exclamación, aparecieron varios cronómetros en manos de los oficiales que estaban en la Cámara de Mando. La Operación salió muy bien y el S-31 mostró la torreta en donde portaba la bandera de «Sin Novedad» por el través del Dédalo y del Canarias. Recibí la felicitación del Almirante de la Flota, quien me concedió una condecoración. En abril de 1982 embarqué como Jefe de la Flotilla de Submarinos, Director de la Escuela de Submarinos y Jefe de la Base de Submarinos de Cartagena. Durante este mando embarqué en todos los buques de la Flotilla y durante las pruebas de los nuevos submarinos de la Serie 70. Fue una época de actividad creciente aeronaval en el Mediterráneo, en la que se tuvo presente el valor estratégico del Arma Submarina española, lo que provocó el interés de la prensa nacional por las actividades de la Armada. Recuerdo que en cierta ocasión me llamó por teléfono el AJEMA, y al descolgar me espetó agriamente «Julito, ¿es que ahora te vas a dedicar a la política con tus declaraciones a la prensa de que necesitamos 20 submarinos?». Yo le contesté que consideraba que con los ocho submarinos de entonces estábamos al 40 % de nuestras necesidades, al igual que ocurría con los buques de superficie que también estábamos al 40%, y a continuación dijo ¿de dónde vamos a sacar el dinero? La verdad es que no me gustó la regañina… Otra anécdota, o mejor dicho otro «cuerno», lo sufrí con ocasión de haber mandado comprar navegadores por satélite a base de sacar el dinero del conocido fondillo económico de los buques, debido a que en varias maniobras los submarinos no llegaron a posición de lanzamiento por error acumulado en la navegación al haber estado nublado y no poder obtener situación astronómica. Una vez comprados e instalados a bordo los navegadores por satélite de modelos propios de los yates, los submarinos gracias a su situación exacta habían llegado a ocupar posiciones aptas para el lanzamiento de sus torpedos durante el desplazamiento a Canarias, lo que consideré un triunfo gracias a mi iniciativa. Por ello, durante el juicio crítico celebrado en la Capitanía General de Cartagena comenté con cierto orgullo que los ataques habían sido posibles gracias a mi iniciativa de compra de los navegadores por satélite con los fondillos económicos de los submarinos de la flotilla. Súbitamente el Capitán General me ordeno en alta voz ¡Cállese, para mí no existen esos fondillos! Esto fue un castigo celestial a mi vanidad. Durante aquel mando existió una gran relación con los submarinos franceses de Tolón, con los que se hicieron ejercicios, así como con submarinos británicos en aguas de Málaga. Otro aspecto importante en cuanto a las relaciones sociales fueron los actos de confraternización con las guarniciones de Ceuta Melilla y Fuerteventura, especialmente con los Tercios de la Legión, que siempre se hacían coincidir con la parada militar de los célebres Sábados legionarios. Pasados los años, y con ocasión de un viaje Madrid, un amigo de Guadalajara me pidió dar una charla sobre submarinos en un Club de bachilleres para chicos entre los 8 y los 16 años. La charla fue semi activa, a base de preguntas que iban creciendo de interés; por ejemplo, hice la parodia de ataque desde un periscopio; expliqué las distintas fases de aproximación de paso en inmersión a través de las cortinas de protección inmediata de un convoy, y finalmente la evasión. Los chicos quedaron embaucados, ya que yo incluso les daba las voces de mando. Todo iba muy bien hasta que un pequeñajo de unos 8 años repreguntó en alta voz ¿Cuántos buques ha hundido Vd.? Aquí se acabó todo al tener que contestar que ninguno, por no haber participado en ninguna guerra. La cara de los niños fue un espectáculo de desilusión. Así que terminé súbitamente la charla y, desde entonces, cuando he tenido que hablar de submarinos comienzo advirtiendo que yo no he hundido ningún barco. El 22 de julio ascendí a contralmirante y se me impuso el fajín en la Cámara de Oficiales de la Base, y en julio de 1983 cesé como Jefe de la Flotilla de Submarinos, Director de la Escuela de Submarinos y Jefe de la Base de Submarinos de Cartagena, finalizando así mi vida activa en los submarinos. JULIO ALBERT FERRERO, VICEALMIRANTE II RESERVA 58 BIP


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