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Charla con el vicealmirante Julio Albert Ferrero P.—Almirante, para no haber sido un submarinista “al uso”, como Usted nos ha comentado, llegó sin embargo a mandar la Flotilla de Submarinos. R.—En efecto, así fue; otra cosa es que, una vez que conocí esta Arma, me gustó y me entregué totalmente a ella. P.—En su época ¿el sistema de acceso al Arma Submarina era difícil? R.—No. Lo que era difícil entonces era la especialidad que yo hice, Electricidad y Electrónica, que se hacía en la Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada (ETEA), que tenía una duración de un año. Cuando la hice, tenía ya tres hijos y venía otro en camino, por lo que tenía que estudiar por las noches y recuerdo que me presentaba a los exámenes casi sin dormir… P.—¿Dónde se formaron los primeros submarinistas de la Armada? R.—Fundamentalmente en Cartagena, aunque para determinadas fases iban a realizar cursos primero a Portugal, que se portó muy bien con España, ya que nunca nos cobraron nada por la formación que recibían nuestros hombres; y a Francia después. Los americanos también nos ayudaron bastante. P.—Dada su dilatada experiencia a bordo de los submarinos ¿cuál cree que es la primera condición que debe tener un submarinista? R.—La primera de todas, aunque quizás no debería contarse, es que debe ser un poco «cochino» —nos confiesa entre risas— Y ante nuestro estupor, nos explica: que no le importe dormir en la cama en la que ha dormido antes otro; y para enfatizar más esta aseveración, nos comenta: en una inmersión de 24 horas no se ha renovado el aire en el submarino, por lo que si en ese momento llegara alguien de fuera y embarcara, éste podría llegar a vomitar, mientras que los que están dentro, no lo perciben. En segundo lugar — añade— es imprescindible amar mucho al Arma Submarina, lo que consigue todo aquél que permanece durante un tiempo. Tradicionalmente se habla de «la casta submarinista», incluyendo en ella a la Marinería, por supuesto, incluso a la Marinería de Reemplazo de mi época. Esto se explica, como he mencionado en el relato de mis recuerdos, porque en aquella época los barcos de superficie no navegaban tanto como lo hacían los submarinos, lo que nos convertía en mucho más experimentados que nuestros compañeros y nos sentíamos un tanto “superiores”, o «chulos» como nos llamaban despectivamente nuestros compañeros «de superficie». El vicealmirante Albert en animada charla con el jefe de la Sección de Comunicación, BIP 59 CN. Juan Antonio de la Riera y la periodista M.ª del Carmen Jáuregui. D. Julio Albert Ferrero Nació el 14 de octubre de 1924 en Alicante. Ingresó en la Escuela Naval Militar en enero de 1944 y fue promovido a Alférez de Navío en enero de 1949. De oficial estuvo embarcado en los destructores Ulloa, Lepanto, Liniers, Alcalá Galiano, crucero Miguel de Cervantes, buque escuela Juan Sebastián de Elcano, submarino G-7. Segundo Comandante del submarino S-31, del destructor Lepanto y del buque escuela Juan Sebastián de Elcano. Comandante del submarino S-31 y del destructor Jorge Juan así como jefe de la Flotilla de Submarinos. Los principales destinos de tierra fueron: • Estado Mayor de la Armada. • Jefe del Gabinete del Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada. • Jefe de la División de Telecomunicaciones y Guerra Electrónica en el Estado Mayor de la Defensa. Sus principales actividades en el ámbito civil, en situación de 2.ª reserva (1988), han sido: • Director de la Cátedra «Almirante Martín Granizo» de la Universidad de Salamanca durante 1994 a 1997, dirigiendo 7 Cursos sobre Seguridad y Defensa. • Profesor del Máster de Seguridad y Defensa impartido por la Universidad Complutense y por el CESEDEN durante 4 años. • Ex Presidente de la Asociación de Estudios del Mar (ASESMAR) desde 1983 hasta enero de 2005. • Coautor de varios libros y publicaciones. Ha sido distinguido con los premios: «Álvaro de Bazán», «Roger de Lauria» y «Almirante Moreno» de la Revista General de Marina; Premio «Tierra, Mar y Aire-2000».


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