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nes; así, mientras abrías el agua, debías enjabonarte, y lo mismo para aclararte… Al principio, te faltaban manos… ¡pero se le cogía el tranquillo a todo! Recuerdo también que entonces dentro del barco íbamos de manera «un tanto informal»; lo normal era que el comandante durmiera vestido, por si se producía cualquier emergencia. Pero a mí eso me parecía una tontería, así que yo utilizaba mi pijama para dormir y a eso de las 2 o 3 de la mañana solía darme un paseo por el barco. Yo a este hecho no le daba importancia, pero pasado el tiempo me encontré a un marinero que había estado conmigo en los submarinos y me confesó, para mi asombro, que el hecho de verme pasear en pijama por el barco le dio mucha confianza e hizo que se le fueran quitando las reticencias hacia este medio… ¡Es curioso cómo un gesto del Comandante puede influir tanto en sus hombres! P.—El Arma Submarina siempre ha estado revestida de cierto halo de misterio ¿no es así Almirante? R.—De alguna manera así es, ya que los fundamentos del arma submarina son el sigilo y la invisibilidad. Pero, en mi opinión, los más grandes acontecimientos y hechos heroicos puede que se hayan dado en submarinos; baste como ejemplo los submarinos alemanes, en los que ningún submarinista alemán que empezó la II Guerra Mundial la terminó con vida. P.—¿Cuál ha sido la gran lección que ha aprendido de su experiencia a bordo de los submarinos? R.—La gran lección que aprendí, la recibí de la marinería; por eso creo fundamental inculcarles el hecho de que cada individuo es imprescindible en el barco, ya que del trabajo de cada uno puede depender la vida de los demás. P.—Almirante nos ha ido describiendo en sus recuerdos cómo España fue acreciendo su Arma Submarina gracias al apoyo de países de nuestro entorno, a pesar de que en su momento fuimos pioneros de este Arma en el mundo… R.—Y dice bien. Fuimos pioneros del arma, pero no del invento como tal, ya que anteriormente hubo otras tentativas, que si bien no progresaron, lo cierto es que supusieron las bases del submarino. La gran aportación del insigne marino Isaac Peral —además de infinidad de inventos de indudable valor y que fueron de gran utilidad para la vida cotidiana, como es ascensor eléctrico, entre otros— fue el submarino impulsado por electricidad y que además incorporara un torpedero bajo el mar, siendo verdaderamente el origen del Arma Submarina. Lástima que en aquella época ni la situación política ni la económica de nuestro país dieran respaldo a tan magna empresa, y que fueran otros países los que se beneficiaran de esta valiosísima aportación. P.—Cuando en nuestra época se está hablando ya del 5.º Escenario y de la Ciberdefensa, en que parece que el teatro de operaciones se ha ampliado al espacio intergaláctico ¿considera aún necesaria el Arma Submarina? R.— Sí, sin dudarlo; y lo creo por nuestra situación estratégica, magnífica pero vulnerable, por lo que la fuerza defensiva es primordial. Y prueba de ello es que tecnológicamente el Arma Submarina se ha desarrollado en la misma proporción que otras armas sobre las que no recae la más mínima duda sobre su necesidad hoy en día: se ha elevado la cota de inmersión, la velocidad y el tiempo de navegación bajo el agua; por tanto podemos decir que hoy en día ha llegado a ser «más invisible» todavía, gracias al novedoso sistema de propulsión independiente de la atmósfera (AIP) y a la energía nuclear, por no hablar de la evolución también de las armas que monta, los torpedos, que ahora son filodirigidos; todo ello les hace menos vulnerables frente a su principal enemigo, los helicópteros. P.— Almirante, en su opinión ¿cualquier tiempo pasado fue mejor? R.—Qué duda cabe que los años que yo viví en los submarinos fue la mejor época; dimos mucho juego a la Flota, en un momento en que las condiciones políticas aconsejaban que el grueso de las flotas fueran unidades submarinas. Creo que prestamos un buen servicio; sin embargo, ya entonces nos encontrábamos al 40% de lo que sería el número ideal para las necesidades de España en aquél momento. Al final, la economía siempre se impone. Ahora estamos pasando por un momento complicado; sin embargo, hay que ver este período como una oportunidad de cambio e impulso a la innovación tecnológica y desarrollo para la industria nacional de defensa. Confío que en esta ocasión, como en otras anteriores que hemos superado en el pasado, la situación final corra a nuestro favor. C. JÁUREGUI BIP 61


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