Page 152

REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

152 GERMÁN SEGURA GARCÍA a ser requerido por su abuelo Luis XIV, si el pueblo español hubiera aban-donado a su rey en la derrota, la resolución del conflicto sucesorio podría haber sido muy distinta. Sin embargo, los hechos, las decisiones y las ac-titudes acabaron por reconducir las infinitas posibilidades de la vida hacia los márgenes de lo que ya es historia. Así, para sus juiciosos lectores, las campañas militares en la Península permitieron a Felipe V salvar el trono de la Monarquía española, mientras que otras circunstancias externas facili-taron que lo ganara de manera definitiva. De ahí la importancia de analizar esas campañas peninsulares, minusvaloradas por la historiografía extranjera frente a las operaciones militares llevadas a cabo por Marlborough, Eugenio de Saboya o Villars. Un primer aspecto a tener en cuenta antes de adentrarnos en la relación de las principales acciones bélicas es el factor físico, el marco geográfico donde se desarrollaron las operaciones. La península ibérica tiene una orografía compleja, formada por numero-sos sistemas montañosos que atraviesan y rodean su núcleo central (la Me-seta) cuya altitud media ronda los 650 metros. Sin continuidad con el bloque mesetario se hayan otras cordilleras externas, en especial los Pirineos y el sistema Bético, aunque las formas más características del relieve periférico son las depresiones del Guadalquivir y del Ebro. Por último, las costas pe-ninsulares, en especial las españolas, presentan una gran diversidad, siendo muy accidentadas y acantiladas en el norte, y con mayor predominio de playas y calas en el sur y en el Mediterráneo. El relieve peninsular no favorece las comunicaciones entre la costa y el interior, dificultando a lo largo de la historia los intercambios comerciales centro-periferia y forzando a que amplias regiones desarrollen economías de subsistencia y tiendan a hacerse autosuficientes. El tráfico marítimo cobra importancia a la hora de abastecer los mercados de la periferia con materias primas y manufacturas, así como para dar salida a los excedentes locales, sobre todo en el Levante mediterráneo y la fachada cantábrica. Una pieza clave del comercio español era el puerto de Cádiz, donde se acumulaban las mercancías rumbo a América y que se convertiría en sede de la Casa de Contratación de Indias en 1717. Dado que los intercambios se realizan prin-cipalmente en la periferia, la red viaria española estaba pobremente desarro-llada. Según la Guía de Caminos publicada por Pedro Pontón en 1705, solo aparecen inventariados 52 caminos que suponen aproximadamente 11.300 km, además de 15 puentes (sin contar los de las poblaciones) y 3 barcas4. 4  URIOL, José I.: «Guía de Caminos de Pedro Pontón», en Revista de Obras Públicas, núm. 3430, 2003, págs. 59-62. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 149-182. ISSN: 0482-5748


REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014
To see the actual publication please follow the link above