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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA: CAMPAÑAS MILITARES EN LA... 153 Dado que los ejércitos de la época necesitaban sacar el máximo partido de las infraestructuras viales que hubiera en el territorio donde operaban, este tipo de inventarios es muy útil para entender los movimientos y las rutas de avance empleadas por los contendientes. El subdesarrollo de la red viaria y la compartimentación del relieve peninsular favorecieron la proliferación y eficacia de las acciones llevadas a cabo por las partidas armadas de uno u otro bando, un tipo de guerra irregular que sería más tarde conocido como petit guerre o guerrilla. La climatología peninsular impuso un calendario distinto al empleado en otros teatros de operaciones. Mientras que en Flandes, Alemania o Italia, como norma general, los ejércitos permanecían inactivos en sus cuarteles de invierno de octubre a mayo, en la Península el descanso solía producirse durante los meses de verano –sobre todo en la frontera portuguesa– ya que el calor imposibilitaba continuar la campaña5. Además, pocas áreas de la Península podían proporcionar sustento al volumen de tropas que operaban en las mismas, a pesar de que los ejércitos peninsulares, en sus mejores momentos, apenas llegaron a tener más de un tercio de los efectivos con que contaban los jefes militares en otros teatros de operaciones. Por po-ner un ejemplo, en 1707 Berwick estuvo al mando de 25.000 hombres en Almansa –la principal batalla de la guerra en suelo español–, mientras que Marlborough y Vendôme, al año siguiente, dispusieron ambos de 80.000 hombres en la batalla de Oudenaarde6. Aun así, las operaciones en la Pe-nínsula dependían mucho de la capacidad de constituir una red de depósitos de provisiones, guarnecerlos con tropas, sostenerlos ante el ataque enemigo y proteger las rutas de abastecimiento. Las acciones militares sobre estos depósitos o sobre otros puntos estratégicos de la geografía peninsular abun-daron durante la guerra, de modo que la expugnación de plazas constituyó, en contraposición a las batallas campales, el tipo de operación más común durante la contienda, al igual que la lucha de destacamentos o partidas desa-rrollada principalmente por unidades montadas. Por otro lado, la caballería –uno de los elementos principales de los ejércitos de la época– no podía subsistir a base de pastos y solo cabía la opción de alimentarla con cebada transportada desde depósitos lejanos, como experimentaron a su costa los extranjeros en España7. Algunas áreas como la baja Andalucía –privilegia-da para la remonta de caballerías–, las regiones cerealistas del interior o la 5  DUFFY, Christopher: The Military Experience in the Age of Reason, Routledge & Kegan Paul, London and New York, 1987, pág. 11. 6  CHANDLER, David G.: The Art of Warfare in the Age of Marlborough, Kent, Spellmount, 1990, pág. 304. 7  BERWICK, Duque de: Memorias, Universidad de Alicante, 2007, pág. 205. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 149-182. ISSN: 0482-5748


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