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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA: CAMPAÑAS MILITARES EN LA... 155 Por otro lado, desde el punto de vista técnico, la infantería abandonaba la pica, el arcabuz y el mosquete para utilizar universalmente el fusil con llave de chispa y bayoneta. Desaparecían así las distintas especialidades de los tercios y, en adelante, la infantería adoptó formaciones lineales donde predominaba el frente sobre la profundidad. De esta forma, el mayor núme-ro de infantes podía hacer uso del arma de fuego, utilizando la bayoneta para defenderse de la caballería o llegados al choque con la línea contraria9. El fusil también fue empleado por los dragones, considerados entonces como infantería montada. Los dragones, dada su versatilidad, eran utilizados en la batalla campal para reforzar los puntos débiles del despliegue, si bien su mayor contribución –favorecida por la compartimentación del relieve– consistió en dar protección a los convoyes e interceptar las líneas de abas-tecimiento enemigas. La caballería de línea redujo el empleo de las pistolas en combate –típico del siglo anterior– y fue recuperando paulatinamente el choque frontal con arma blanca. En cuanto a los artilleros e ingenieros, sus servicios continuaron siendo esenciales en la guerra de sitio. La guerra de Sucesión tuvo lugar en un período de la historia en la que buena parte de los conflictos armados eran limitados, es decir, los beligerantes aceptaban ciertas reglas y principios humanitarios que trataban de minimizar los daños colaterales a la población civil y a los mismos soldados. Aunque la guerra continuaba siendo tan dura como siempre, los contemporáneos forjaron el término de «guerra de encaje o guerra limpia» para denominar este tipo de conflictos entre cristianos, una realidad que contrasta con los excesos come-tidos en las guerras de religión de la centuria anterior o en las guerras totales que alumbrarán a finales de siglo las naciones en armas. En la Península, los ejércitos extranjeros respetaron generalmente los códigos de conducta estable-cidos, cumpliendo las capitulaciones pactadas y evitando encarnizamientos in-necesarios. Pero no sucedió siempre así según el conde de Robres: «Como si interesara al señor Felipe V y al señor Archiduque poseer la Corona destruida, las tropas del primero y los paisanos del segundo principalmente atienden a la aniquilación de los pueblos»10. En especial fue atroz la lucha entre españoles, quienes llegaron a defender la causa de su rey –Borbón o Habsburgo– hasta si-tuaciones extremas, en un panorama de guerra civil no exento de radicalizacio-nes y que tuvo en la defensa obstinada de poblaciones y en la lucha de partidas un campo abonado donde dar rienda suelta a todo tipo de extorsiones y atro-cidades. Macaulay resume este apocalíptico escenario de la siguiente manera: 9  SEGURA, Germán: «Apuntes sobre el empleo táctico de la infantería durante la Guerra de Sucesión española», en Militaria: Revista de Cultura Militar, núm. 20, 2006, págs. 109-136. 10  LÓPEZ DE MENDOZA, Agustín (conde de Robres): Memoria para la historia de las gue-rras civiles de España, CEPC, Madrid, 2006, pág. 268. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 149-182. ISSN: 0482-5748


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